04 febrero, 2018

Siempre merece la pena.


No merece la pena salir a la calle, de nada sirve protestar, como quieran hacer la mina la van a hacer, bla, bla, bla y bla. 
Lo que sigue lo ha escrito una persona sabia, a la que admiro:
“Viví luchas más duras, tragué muchas derrotas, también demasiadas, pero hubo victorias como las de Julio César contra los bárbaros. No se hizo la celulosa allá por los 70, no se hizo la nuclear de Valdecaballeros, no se hizo el ATC, ni hubo aeropuertos fantasmas. No se hizo la refinería -la gran escuela de la movilización social de la tierra y la gran victoria-. Lo que se logró colar con el cuento del empleo fue la mina de Aguablanca o la cementera de Gallardo, ambas fueron hambre para hoy. Ya no cuela…Pero no va a haber mina de litio. No van a hacer ese agujero en la umbría de la montaña de Cáceres. Porque no hay razón, como siempre es nuestro el daño y la razón, y suyo el ilusorio y delirante beneficio, y mañana estamos todos en la plaza, a las 12”. 
Los habrá que seguirán igual: no merece la pena salir a la calle, como quieran hacer la mina la van a hacer y bla, bla, bla, es decir, el discurso dominante propio de las personas que se niegan a sí mismas el encontrar la ilusión en la acción común.
En cambio, habrá personas que no estén dispuestas a perder el tiempo y se lancen a perseguir victorias como las de Julio César. Los discursos que sostienen estas personas sí que son ilusionantes, motivadores, llenos de vida –aunque hayamos sufrido derrotas-. Sus corazones, rebosan vida.

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