27 enero, 2016

Ética situacional.


El texto que sigue ha sido extraído del libro de ENRIQUE MARTÍNEZ REGUERA (2011) “De tanta rabia tanto cariño”. Madrid. Popular.

 Fue por entonces cuando me dio aquella lección rotunda de ética situacional que ya os conté en alguno de mis libros:
Me empecinaba yo en que abandonase el hacer la esquina de la calle Altamirano, y él, condescendiente conmigo, aceptó la alternativa que yo le había buscado, trabajaría en un ultramarinos.
Después de un mes de mantener el tipo sin rechistar me invitó a que hablásemos:
__Mira Enrique, tú sabes que yo antes me levantaba a las doce de la mañana, me aseaba y salía a pasear o a tomar unas cañas; comía, echaba una larga siesta y al atardecer, después de una ducha y de acicalarme a conciencia, salía a trabajar. De los cochazos que paraban me montaba en el que yo mismo elegía...ya conoces todo lo demás.
Ahora me levanto antes de las siete para estar en la tienda el primero y tenerlo todo a punto para cuando llegue el jefe; “chico por aquí” “chico por allá” “eres gilipollas chaval” ¡todo el santo día! cargando y descargando sacos y cajones hasta deslomarme...Y el caso es que al cabo de un mes he recaudado lo que de la otra manera recaudaba en algunos días. ¡No sé por qué te encabezonas en hacerme creer que estos abusan menos de mi y de mi cuerpo!
Cuando conté esta anécdota por primera vez, un trampero del periodismo intentó leerme entre líneas, rastreando no sé qué inconfesable propaganda de la prostitución infantil. Lo mismo que cuando conté lo que Víctor me explicó de cuando era mensajero: que por distribuir correspondencia sacaba unas pesetas, por llevar hachís sacaba diez veces más, y ciento o mil si trapicheaba con caballo; y además aprovechando los mismos viajes.

Para que los chavales así llegasen a ser honestos haría falta que les devolviésemos la dignidad del trabajo, de la que apenas queda memoria, y el mismo armazón ético que se les proporciona a los chavales satisfechos; y jamás será justo reclamarles aquello que les han robado.  

24 enero, 2016

La Escuela como Compromiso.


El texto que sigue ha sido extraído del libro de ENRIQUE MARTÍNEZ REGUERA (2011) “De tanta rabia tanto cariño”. Madrid. Popular.

El colegio de los Pacos, o Palomeras Bajas, es una de esas experiencias que merecen ser recordadas toda la vida. Durante quince años me aceptaron sin rechistar, sin estigmatizar, sin derivarles a otro sitio, a cuantos diablillos me venían rebotados, incluso de reformatorios; y hay que ver qué sentido de la vida, qué conciencia de la propia dignidad, qué talante les inculcaron. Afortunadamente siempre quedará alguien así que demuestre que las cosas se pueden hacer de otra manera (ver: La Escuela como Compromiso, Francisco Lara, Editorial Popular). Durante esos años los miembros del colegio fueron una parte esencial de nuestra gran familia. Paco Lara, Paco Bastida, Álvaro, Pedro, Ana, Regina, y un largo etcétera. Queridos amigos nunca os estaremos lo bastante agradecidos.
    __Así que ¿no quieres estudiar? –le preguntó Paco a Leo- pero algo te gustará hacer ¿no?, ¿qué es lo que más te gustaría maquinar en los espacios de un colegio?
    __Leer tebeos y jugar al fútbol –dijo el chaval desafiante.
    __Pues si algún día te atreves a pasar un rato con nosotros, te prometo que no vas a hacer otra cosa que jugar al fútbol y leer tebeos.
    Prefirió aburrirse algunos días pero capituló muy pronto. La primera jornada en que acudió a las clases Paco le sentó sobre una montaña de tebeos.
    Y a la hora de comer, ese mismo día, nos dijo que la experiencia le había gustado. Pocos días después, ya les estaba reclamando:
    __Los demás dibujan mapas ¿por qué yo no puedo?
    Y le pusieron a dibujar mapas. 

17 enero, 2016

Los ojos y oídos del Sistema: la Clase Media.

 El texto que sigue ha sido extraído del libro de ENRIQUE MARTÍNEZ REGUERA (2015) “Manifiesto personal contra el Sistema”. Madrid. Popular.

Recientemente comenté en la Universidad, a un grupo de estudiantes y graduados de trabajo social y psicología:
“La mayoría de vosotros, en mi época, encontraríais empleo al acabar los estudios; meses después alquilaríais una vivienda con opción de compra y empezaríais a pensar en crear vuestra propia familia.
Tal vez porque estamos reunidos en un aula universitario os sigáis imaginando así, gentes de clase media; pero la mayoría de vosotros ya no lo sois, porque el paro os está empujando hacia la pobreza.
Miraos unos a otros. Al acabar los estudios, la mitad de entre vosotros no encontrará trabajo ni vivienda ni forma alguna de independizarse.
La otra mitad frenará ese resbalón hacia la indigencia, en la medida en que entre a prestar incondicionales servicios en alguna Empresa o en alguna ONG subvencionadas. El llamado Tercer Sector: un colectivo amamantado con subvenciones, que si obedece con instinto canino recibirá el sustento diario; y si no, será arrojado a las tinieblas exteriores, al famélico vertedero del desempleo.
La labor de muchos de vosotros ya no tendrá nada que ver con vuestra preparación ni vuestro específico ejercicio profesional, sino que simple y llanamente prestaréis labores de control social sobre los desposeídos. Entre los que ya se encontrará la otra mitad de vuestros compañeros.

Estricto y riguroso control social de carácter intimidatorio, para evitar que los pobres se vuelvan levantiscos. Lo que en la época de Franco desempeñaba la llamada “brigada social” y el “auxilio social”; lo que en otras dictaduras desempeñó el comisariado político. Dará lo mismo que dispongáis de títulos de licenciado o doctor; de educador, psicólogo, sociólogo, antropólogo o filósofo. Porque no se os dará empleo para ejercer de lo que sabéis y para lo que os habéis preparado; sino para servir de ojos y oídos al Sistema”.

15 enero, 2016

Somos la Clase Media Subvencionada.

 El texto que sigue ha sido extraído del libro de ENRIQUE MARTÍNEZ REGUERA (2015) “Manifiesto personal contra el Sistema”. Madrid. Popular.

El texto entrecomillado que sigue, lo tomo de su autor Íñigo Ortiz de Mendíbil y Zorrila:
“Nos hicieron creer que éramos clase media y no lo que realmente hemos sido siempre: clase trabajadora. Con halagos así, fueron desmontando los movimientos sociales, reivindicativos y solidarios. Se apelaba una y otra vez al Estado del Bienestar y al Estado de Derecho, pero escondiendo bajo la alfombra un 20% de excluidos. Para los que supuestamente habían previsto destinar subvenciones. Pero luego resultó que para los excluidos, ni las calderillas. Porque quien realmente fue subvencionada fue la población con estudios, la clase media. Somos la `Clase Media Subvencionada´ porque somos los receptores directos de los dineros asignados para la exclusión social. Tanto es así, que las propias subvenciones nos obligan a aplicar un 80% de las mismas a financiar a los ´profesionales´.
Ya está bien de hablar de los excluidos, para sacar tajada a espalda de los excluidos. Permitidme una ocurrencia: si Cristiano y Messi generan unos ingresos alucinantes al Madrid y al Barcelona, es lógico que también ellos tengan unas fichas o ingresos millonarios. Pues bien, si los excluidos sociales generan la totalidad de los ingresos de los ´profesionales´dedicados a ellos, también debieran percibir como ingresos netos, una parte de los recursos, en concepto de cuotas de participación...En vez de atiborrarlos de estúpidos cursillos sobre habilidades sociales o resolución de conflictos”.

No habría podido llegar la clase media a donde acabamos de referir, si desde los 80 la población no hubiera sido objeto de un lavado de cerebro para vaciarnos de interioridad y reducir a mínimos nuestra condición de personas.


La esclavitud consistió siempre en eso, en deshumanizar y cosificar personas.  

08 enero, 2016

Pikachu.

"Mamá, el traje de Pikachu no es de verdad."
No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás.