26 junio, 2016

Radical.


Querido primo, me identifico con lo que escribes. Puede resultar ingenuo imaginar una revolución con los mimbres actuales. No tengo en mente una revolución cruenta. Estaba pensando en aquellos primeros gobiernos socialistas que siguieron a la dictadura franquista: nunca, en España, con aquella mayoría parlamentaria aplastante se estuvo tan cerca de Allende…Ahora mismo, no hay lugar para albergar ese tipo de esperanzas. Espero que, en un futuro, una revolución no cruenta, pueda conducir a los parlamentos ese tipo de ilusiones. En cuanto a hoy, también vivo esta jornada con pesimismo teniendo presente el complejo sistema de intereses que condiciona de manera radical la vida parlamentaria.
Probablemente, yéndome por la tangente como en otras ocasiones, sí siento la necesidad de continuar siendo radical a mis cuarenta años. En concreto -y en especial-, en lo referente a la crisis ecológica global. En los últimos cinco años, han pasado por Cáceres Carlos Taibo y Jorge Riechmann. Ambas personas coinciden en lo estrictamente necesario de que el navío haga un posible viraje, no ya para evitar el colapso del planeta tierra, más bien para sufrir unas mayores o menores consecuencias. Riechmann, señala el hecho de que el decrecimiento ya no es una opción voluntaria para millones y millones de personas -este punto desestabilizador también requeriría de medidas radicales-. El viraje del navío sería la fundamental -y obligada- medida radical para atender a esa emergencia que el planeta Tierra padece. Y el cambio sería radical porque respondería a la obstinación -radical- de mantener un rumbo que nos hará chocar contra el acantilado. Teniendo en mente los intereses del planeta Tierra -el verdadero hogar de todas las personas y seres vivos que habitamos la Tierra-, Taibo propone para hacer frente a la crisis ecológica global, una salida -también global-: la salida del Capitalismo. Taibo recomienda, por ejemplo: frente a Keynes, reducir la industria automovilística a cero al tiempo que ponemos en marcha un sistema de transporte colectivo -generando puestos de trabajo…-. Algunas personas no pueden evitar concluir en la ingenuidad de Carlos Taibo. Pero esto último sería otro problema (el cual se podría explicar, por ejemplo, desde la denegación: vemos las señales -y sufrimos las consecuencias de que algo no va bien- pero, aún así, no reconocemos la realidad y sí, nos afanamos en transformarla alucinatoriamente con el fin de satisfacer el deseo, nuestro deseo). A Taibo y Riechmann la razón y el estudio les ha conducido a estos planteamientos con los cuales me identifico plenamente. Desde la razón y desde el corazón: si la Tierra está en peligro, lo lógico y -lo esperado- sería hacer planteamientos acordes a la emergencia que padecemos. Y los planteamientos ya están hechos -teniendo como base el sentido común más genuino y además, basados en pruebas y datos científicos-.
Un abrazo.