03 abril, 2016

Riballagu 2ª parte.



Esa mañana hicimos una ruta que nos condujo hacia el lago. Fue la primera vez que lo vimos tan cerca -tanto que pudimos tocar con la mano el agua-. Y lo vimos también con la mirada de nuestros hijos. Fue, en la comida, cuando los lugareños nos contaron la tragedia.
Lo que no entiendo todavía es lo siguiente: ¿por qué ha de sorprenderme lo que he leído en el libro de García Díez, Ribadelago, tragedia de Vega Tera*? Aquellas mentes -desprovistas de corazón-, no podían pensar de otra manera, es decir: con la razón. Efectivamente, desde sus planteamientos, la tragedia nunca constituyó un perjuicio para la economía del país. Todo lo contrario fue un beneficio porque: ¿para qué tenían que vivir aquellas gentes desgraciadas y miserables? No hay sorpresa. Ninguna. Y a las pruebas me remito: de aquella tragedia, hubo un responsable, un encargado de obras; también, algunas personas que pertenecían a la empresa que explotaba el pequeño proyecto hidroeléctrico -que, curiosamente, fueron indultadas por el gobierno de la época-. Iberduero era coherente con sus principios. Unos principios que han consolidado el actual Sistema -en el que el poder político y el financiero, fornican tan ricamente, sin complejos, mirándose a los ojos-. Aunque, eso sí: desde 1959 hasta ahora, el Sistema se ha perfeccionado. En aquella época, los veíamos venir: se sabía que era una dictadura. Ahora, nos encontramos ante un Sistema peligroso -a lo mejor, más peligroso que nunca-, porque está mimetizado. Es decir: tiene apariencia de Democracia cuando en realidad, es una Dictadura -antes fue militar y ahora, financiera-. Y las personas que entienden de finanzas, no lo dudan. El fin de las finanzas consiste en sacar el máximo rendimiento a las cosas: que las personas no son cosas, no hay problema, se cosifican.
Grandes núcleos de la población -por "miserables" o por lo que sea-, son, en las manos de las personas que pilotan este navío que se dirige al acantilado: cosas, puras mercancías -que, a veces, cuando mueren, lo que se merecen es ser recordadas en las memorias de empresas infames lo "miserable" que fueron; otras tantas veces, ni si quiera eso-. 
Iberduero no hacía más que cumplir con su deber: ser honestos, coherentes con sus principios…
Después, al día siguiente, cuando volvimos a mirar el lago, nuestra mirada fue distinta a la de nuestros hijos. Mientras ellos jugaban con el agua, nosotros sentíamos un profundo respeto ante aquello que se nos presentaba ante los ojos: un camposanto repleto de grandes héroes y heroínas y de otras personitas, que ya, desde su más tierna edad apuntaban excelentes maneras para enriquecer este Sistema pilotado, ahora sí, por miserables. 


*El texto que sigue a continuación, ha sido extraído del libro de JOSÉ A. GARCÍA DÍEZ (2003) “Ribadelago, tragedia de Vega de Tera”. A. Saavedra:

La inundación del pueblo de Ribadelago, antes que un perjuicio a la economía nacional debe ser considerado como un beneficio, porque constituiría la redención de la vida miserable que llevan los vecinos del expresado pueblo.


-La inundación de Ribadelago...constituiría una redención de la vida miserable-, argumenta “Iberduero” en la memoria de su proyecto hidroeléctrico en el Lago.


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