29 marzo, 2016

A propósito de los Godos del emperador Valente I.


Pero: ¿es del todo políticamente incorrecto Arturo Pérez-Reverte en suartículo? A ver:

- Pérez-Reverte cuenta:“la sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares”. Por esta razón, Bélgica anuncia el envío de cazas F-16 para bombardear posiciones de ISIS -por cierto, se trata de una estrategia coordinada con los EE.UU, cuyos ejércitos también son una “oenegé”-. El otro día, el churrero -mientras la televisión mostraba Siria cual queso gruyer-, decía: ¡estupendo, hay que acabar con todos ellos! En el “con todos ellos”, daba igual si también había niños o no. Viendo la reacción de la parroquia, naturalidad y normalidad ante el embrutecimiento, tampoco me pareció políticamente incorrecto -el comentario del churrero-.

- Pérez-Reverte cuenta: “Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas”. Entonces, en el 2014, la Guardia Civil dispara pelotas de goma en el mar a las personas -inmigrantes, decían los periódicos-, que intentaban cruzar la frontera, a nado. En septiembre de 2015, Pérez-Reverte escribe su artículo Los godos del emperador Valente. Por esta razón, me parece extraño que olvidase semejante muestra de vigor de la policía del imperio. También, por olvido, probablemente habrá pasado por alto la denuncia que han recibido los CIEs por criminalizar a los inmigrantes -que también son personas-.

Para considerar del todo políticamente incorrecto a Arturo Pérez-Reverte, éste, debería haber apoyado lo siguiente: que los ejércitos de Occidente fabriquen bombas atómicas para lanzarlas en Oriente Medio, por ejemplo (aunque esta acción también podría precipitar el Apocalipsis final). Esto sí que sería políticamente incorrecto por parte de Pérez-Reverte. También, políticamente incorrecto, por su parte, sería apoyar lo siguiente: disparar a matar -con balas y no de fogueo- a toda persona inmigrante que nade en “nuestro” mar o que intente trepar la valla -nada de “deportación en caliente”: tiro a bocajarro…solución definitiva a los CIEs: los inmigrantes muertos, no necesitan tampoco una cárcel-. Esto también sería realmente políticamente incorrecto por parte de Pérez-Reverte. Pero él, pretende otra cosa y por esta razón, no es del todo políticamente incorrecto en su artículo. Un poco sí, pero no del todo -porque entendiendo que la balanza está a su favor: los ejércitos no son oenegés, por ejemplo-, y las fronteras tampoco las dirigen jesuitas y pacifistas -los del “buenismo hipócrita” que el académico Pérez-Reverte, diría-. Y es en ese poco -que es bastante-, donde estoy totalmente en desacuerdo con él. Y es muy sencillo: mi madre y mi padre siempre me han mirado a los ojos para contarme las cosas realmente importante en la vida. No fueron a la escuela y tampoco estudiaron Filosofía griega -por cierto, tocada de muerte en nuestras Instituciones educativas y no precisamente por el ISIS-. Pero, curiosamente, mi madre y mi padre, sin saberlo, me inculcaron aquello con lo que Heráclito iluminó al mundo: el mundo de la relación. Es muy simple: somos relación. Ellos, mirándome a los ojos, siempre me dijeron: si te portas bien con las personas que te rodean, recibirás lo mismo. A veces, no será así pero tú siempre has de aspirar a ser una buena persona -un buen amigo y mejor Educador, lo dice con otras palabras: hemos de tender a generar identidades positivas-. Y claro que me he equivocado. Y claro que he hecho daño. Pero también aprendí a pedir perdón. Y esta cosa tan sencillita, intento yo defender en mi sistema de relación: en casa, familia, en el trabajo, en el barrio, en la comunidad. Por eso, ya de mayor, también, de otros referentes -a parte de los que tuve en casa-, aprendí que hay que saber mirar -para comprender- qué pretenden cuando diariamente intentan despistarnos. Por ejemplo, a algún chico de los que conozco, en alguna ocasión le he contado: no te sobra tu padre, te sobra el alcoholismo de tu padre. Y en los otros sistemas mayores, no lo entiendo de otra manera. Por esta razón, me reconcilio con el ser humano cuando, por ejemplo, un terrorista de ETA que, tristemente, asesinó, se arrepintió, pisó la calle y engendró vida. No siempre es así claro está. Quiero decir, que también siempre está ahí, por desgracia, el lado oscuro del ser humano -el que bien describe Pérez-Reverte a lo largo de su artículo, en lo referente a las invasiones, guerras, imperios que nacen, imperios que caen…-. Es cierto, que llega un momento en el que soy sencillamente impotente ante esos macro sistemas: ya con cuarenta años no voy a marcarme como objetivo acabar con la industria mundial del armamento. Confío -y ya es mucho, demasiado-, en que los Estados no sucumban como ya lo están haciendo bajo el yugo del Sistema financiero que padecemos.
Mi madre y mi padre siempre han querido que sobreviviera. Lógico, ¿no? Esta es la mejor señal de las raíces de las que se hace eco Pérez-Reverte: las que dejó el Evangelio, las cristianas -aunque cada uno puede ponerle el nombre que quiera o apoyarse en los manifiestos con idénticos valores…-. Por la misma lógica, si alguien que pretende entrar en el país se ahoga, hay que ayudarle sin temor a quienes supuestamente les empujan, por detrás, desde sus caballos (porque es complicado identificar a esos jinetes de la muerte: ¿son los que pilotan este navío que es Occidente que saquea el resto del planeta tierra? Sin duda, lo son; ¿son el ISIS? Sin duda lo es). Ahora bien: ¿qué ocurre cuando son millares las personas que se agolpan en nuestras fronteras? Podéis releer el artículo de Pérez-Reverte para encontrar que no hay solución y, que por lo tanto, podrá desaparecer el mundo que conocimos. O afortunadamente, como ya dije, hay otras personas -también intelectuales-, que nunca suscribirían el artículo de Pérez-Reverte y viven con sus contradicciones levantando las comunidades en las que viven y pidiendo, solidaridad, para todas las personas que se agolpan en las fronteras, reparando o no en esos jinetes de la muerte. Probablemente, en este último caso, el mundo viejo también podrá desaparecer, no hay garantía de lo contrario. Cuando Médicos sin fronteras se instala en un hospital en una zona de conflicto de Oriente Medio, en sus quirófanos también salvan la vida de los soldados occidentales, americanos e incluso, los del ISIS -si se diese el caso-. Su deber es dar continuidad a la vida, ayudar a sobrevivir a los que mueren. Luego, fuera del hospital ya no es competencia de esas personas maravillosas que salvan vidas.
Como sostiene Enrique Martínez Reguera, las personas que sobreviven y llegan a nuestras costas, a nuestras fronteras, son las mejores preparadas, son titanes con un potencial enorme para sacar del barro a esta sociedad. A Enrique Martínez Reguera no le desagrada ver que una gran oleada de estas personas -auténticos sobrevivientes- invaden nuestro país y nos contagian con todo lo bueno que traen. Y yo, no puedo más que sentir y desear lo mismo que dice Martínez Reguera y tantas y tantas otras personas sensatas.
Y oye, al final, que pase lo que pase: si la vida es algo, precisamente es pura contradicción y puro riesgo.
Ah, primo: lo del “muro” más que rechazo es algo obvio. Es algo que solemos hacer todas las personas -al menos, las que conozco-. Me refiero a que nos refugiamos en los pensamientos que nos llenan y nos hacen crecer.

Un abrazo.









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