23 noviembre, 2015

Lo nuevo de Enrique...

Me preguntan si soy anarquista. Lo soy. Como dijo Zélia Gattai esposa de Jorge Amado, “anarquista gracias a Dios”. ¿Y por qué “gracias a Dios”? Porque me eduqué en un colegio de frailes. Ellos me invitaron a leer el Evangelio, que me deslumbró. Y me inculcaron que en la vida hay que ser consecuente. Evangelio y anarquismo en perfecta sintonía. Sé que al hacer esta afirmación algún anarquista dejará de leerme; pero realmente fue así: fue el Evangelio el que dio pábulo a mi anarquismo. Tampoco yo acepto todo lo que lleve rótulo anarquista. Si pienso que lo soy, es porque considero a cada persona como la razón de ser de todo lo demás: economía, política, ciencia o religión. Y porque repudio cualquier Poder que desborde las hechuras de lo humano. Me preguntan si soy anti-Sistema. Por supuesto que también lo soy. Por coherencia y por elementales motivos de higiene mental. Aun a riesgo de que las gentes de orden me encomienden a algún exorcista. Ser anti-Sistema no es negar la necesidad de organizarse; pero sí, el tener siempre muy presente que un Sistema es una cosa y cualquier persona es mucho más que una cosa. Mahatma Ghandi lo expresó sin tapujos: “Cuando la Ley es injusta, desobedecer es lo correcto”. Lo de “anti”, anti-Sistema, no siempre es diabólico. Ni siempre el Sistema es “lo bueno”. Hitler y Stalin instauraron su Sistema, Videla, Pinochet, Mao Tsé-tung, esgrimieron el suyo. Ni siquiera la Ciencia o el Progreso ¡cuánto menos el Sistema! son necesariamente lo mejor. Como escribió Rubem Alves “la Ciencia es un navío. Un navío nada sabe de rumbos, puertos y destinos. El que sabe sobre puertos y destinos es quien pilota el navío. Los vientos del saber tanto pueden llevar al paraíso como al infierno. Los infiernos también se construyen con la Ciencia”. Somos muchos los que nos sentimos pasajeros de un navío que nos conduce a la fuerza hacia el infierno: A lo largo de los últimos cuarenta años he sentido hasta la saciedad y he madurado en la convicción de que el actual Sistema, la Dictadura Político-Financiera que padecemos, prefigura el Averno. Por eso me considero anti-Sistema, porque no deseo cruzar semejante Rubicón. Para los ventajistas del Sistema, los “anti” somos peligrosos, sinónimo de violencia y caos. Pero quien a todas luces encarna hoy la violencia y la arbitrariedad más inhumana, es el Sistema.