22 julio, 2015

Casi todos...

“Nadie estaba muy interesado en hacer averiguaciones sobre el pasado de nadie porque todo el mundo tenía cosas que ocultar: al fin y al cabo, a mediados de los años setenta el país entero cargaba a cuestas con cuarenta años de dictadura a la que casi nadie había dicho No y casi todos habían dicho Sí, con la que casi todos habían colaborado por fuerza o por gusto y en la que casi todos habían prosperado…”. Javier Cercas. El impostor. Literatura Random House, 2014.
Hoy he comido con mis padres. Después de hablar de lo que Javier Cercas –escritor o personaje- afirma en su libro, les he preguntado si ellos tenían alguna cosa que ocultar a mediados de los años setenta. Mi padre, que también ha leído El impostor, ha respondido con un no rotundo. Mi madre, lo mismo. Yo creo que el instinto de supervivencia no te convierte en cómplice de una dictadura –militar- o de una dictadura de mercado –como podría ser la actual-. De esta manera, trabajar en un taller de chapa y pintura o ser “ama de casa”, aporta la seguridad suficiente para afirmar: no oculté nada a mediados de los setenta. Lo mismo podría sostener respecto a los oficios que desempeñaron mis abuelos –tanto paternos como maternos-. Entiendo que algunas personas no puedan afirmar lo mismo, especialmente, cuando por fuerza o por gusto, por ejemplo, se vieron envueltos en los delitos de sangre, de aquella represión brutal que siguió a la victoria franquista. En cualquier caso, creo que es un error afirmar que “todo el mundo tenía cosas que ocultar”. Ahora, no descarto, haber descontextualizado la cita.

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