15 mayo, 2015

Robinson.


Michael Robinson era un niño. Ese día su equipo ganó por goleada. La mayoría de los goles los marcó él. Cuando finalizó el partido el abuelo felicitó al niño. Su padre reprochó al abuelo del chiquillo, ya que, entendía que había sido un cobarde en el terreno de juego. Robinson explica que hubo un balón del que pudo haber participado. Decidió dejar pasar el balón porque la pierna de otro jugador hubiese impactado contra su cabeza -instinto de supervivencia puro y duro-.
Robinson habló muy bien de su padre pero no dudó en hacer visible la rigidez victoriana del mismo. En la entrevista que le hicieron anoche, el Robinson –ya hombre- fue muy respetuoso y muy sensato. Puso el ejemplo de algún futbolista actual que ha hecho carrera teniendo en casa a unos padres más respetuosos con las necesidades reales de la infancia -y, por supuesto, no pasando por alto el reforzar a un chiquillo que había marcado un montón de goles-.
Me encanta el fútbol, especialmente cuando es un pretexto para hablar de otras cuestiones.