12 abril, 2015

Decrecimiento.

Mario, Bea, Joan Basanta, Ali, Fidel Parra LanchoBelen Tato Gonzalez. Ayer, en la tarde, cuando Mario comenzó a contarnos lo que para él era pobreza y cuando, a continuación, alguno de vosotros hizo mención a la felicidad. Al regresar a casa, me vino a la cabeza esta historia que hace tiempo leí en el libro de Carlos Taibo. No me resultó nada difícil localizar la historia que quiero compartir, ya que, es un libro al que suelo recurrir a menudo...
La segunda historia la cuenta el economista ecuatoriano Alberto Acosta y dice así: “Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que viera cuán pobres eran las gentes. Estuvieron por espacio de un día y una noche, completos, en una granja de una familia campesina muy humilde. Al concluir el viaje, y de regreso a casa, el padre le preguntó a su hijo: '¿Qué te pareció el viaje?' 'Muy bonito, papi'. '¿Viste qué tan pobre puede ser la gente?' 'Sí'. '¿Y qué aprendiste?' 'Vi que nosotros tenemos un perro en casa; ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina que llega de una pared a la mitad del jardín; ellos tienen un riachuelo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas importadas en el patio; ellos tienen las estrellas. El patio llega hasta la pared de la casa del vecino; ellos tienen todo un horizonte de patio. Ellos tienen tiempo para conversar y estar en familia; tú y mamá tenéis que trabajar todo el tiempo y casi nunca os veo'. Al terminar el relato, el padre se quedó mudo...y su hijo agregó: 'Gracias, papi, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser'.
Concluyamos que salta a la vista que unos y otros, en el Norte y en el Sur, muestran a menudo una diferencia abismal en lo que se refiere a la determinación de qué es la riqueza y qué la felicidad. 
Texto extraído de El decrecimiento explicado con sencillez. Carlos Taibo. Los libros de la catarata, 2011.