21 marzo, 2015

La trampa.


Enrique Martínez Reguera –filósofo- viene a decir -en los años 80 del siglo pasado- que: en una sociedad en la que la principal fuente de sustento es el trabajo, condenar a parte de su población a no tenerlo es aberrante. No es precisamente el trabajo lo que defiende Reguera, más bien la necesidad de supervivencia –que todo ser vivo, tiene-. Hace poco escuché una entrevista en la que a Reguera le preguntaban si él justificaba un trabajo como el de carcelero con el fin de pagar a fin de mes el agua, la luz, la hipoteca…Reguera respondía diciendo que era respetable tener un trabajo así -especialmente en los tiempos que corren en los que difícilmente puedes elegir dónde trabajar-. Justificaba su respuesta recurriendo a la necesidad de sobrevivir en esta jungla –“civilizada”-. Reguera no hablaba de derechos, hablaba de necesidades fisiológicas: ese educador –que en realidad realiza funciones coercitivas y carcelarias- tiene que sobrevivir y con él, su prole. La segunda parte de su respuesta era la más interesante -y extensible a todas las profesiones-: Reguera venía a decir que no había que creerse que uno es carcelario. Es decir, la persona con un trabajo horrible, tenía que sincerarse con el chaval y explicarle la trampa –ratonera- en la que ambos estaban metidos. El tutor policía –con contrato de educador- necesitaba el dinero para garantizar su supervivencia. Y el chico necesitaba a un adulto que le hiciese más grato su paso por la cárcel de chavales -así como explicarle que él no era culpable de soportar las miserias de una sociedad embrutecida física y moralmente-. De esta manera, el adulto tenía que ser ingenioso y entero–no valiente-. A los últimos, a los valientes, los acaban despidiendo de los trabajos poniendo en riesgo la supervivencia personal y familiar-. En definitiva, el adulto tenía que hacer lo posible para agradar al chico. Probablemente, habría días en los que el adulto no pudiese hacer nada por el chiquillo pero siempre había que generar esperanza: “hoy no he podido hacer nada por ti, mañana probablemente tampoco….pero no te preocupes, cuando salgas ya sabes dónde vivo”. En definitiva, ser un esclavo genuino de nuestro tiempo pero humano y con la capacidad de generar espacios de encuentro, generar esperanza pese a vivir en una sociedad aberrante.