11 marzo, 2015

I Encuentro de Educación Social Cáceres: La Tama.


En la época dorada me llegué a quedar en la calle en alguna ocasión. Se formaban colas para ver a Bogart o Matt Dillon. Si llegabas media hora tarde, en la mejor época, te quedabas en la calle.


De Dillon me acordé el otro día, especialmente, cuando un chico del público vino a decir que: si en casa no “siembran”, por ejemplo, cariño la “planta” no crecerá bien.  


Fue un recuerdo bien traído porque La ley de la calle ha sido de las películas que más me han impresionado -película que fue proyectada en la misma sala en la que hoy nos hemos reunido-.


En aquella época -cuando todavía no existía la filmoteca-, las películas eran presentadas. Al final de las mismas, había coloquios.


La gente que hablaba era cinéfila, eruditos...al menos es lo que yo recuerdo.

  
En este sentido, hoy he estado más a gusto, más satisfecho, sabedor de haber alcanzado uno de los objetivos planteados: dar voz a las personas que sufren las consecuencias del conocimiento que emana de las cátedras, de los libros, del pensamiento erudito, de la prepotencia y de todo aquello que se hace en nombre de la Pedagogía sin contar con la persona necesitada.

  
En fin, he estado feliz por participar en algo tan viejo y sencillo como preguntar al que sabemos en desventaja: ¿qué te pasa, estás bien, cómo te encuentras? Eso sí, había que hacerlo en terreno neutral, en un espacio en el que todas las personas nos sintiésemos cómodos para compartir nuestros sentimientos, vivencias y experiencias.

  
Y lo mejor de todo, para criticar y construir juntos.

  
 Es necesario ahondar en la mirada etílica de Dennis Hopper -la que muestra en la Ley de la calle- porque en ella encontraremos, casi con toda seguridad, las miserias de la sociedad. También, lógicamente, porque esa mirada es el espejo en el que se refleja su prole, la que ha padecido una crianza vulnerada.

  
 Eso es necesario, sin duda. Pero lo realmente importante, es compartir espacios con nuestros iguales. Espacios reales alejados de la ficción. Esto último fue el motivo para encontrarnos el otro día. Y habrá más. La brecha ya está abierta.