05 enero, 2015

José Antonio.


Esta fotografía me la ha enviado un amigo que se encuentra en Cuenca. Se trata de la catedral, de un homenaje que le hicieron a José Antonio sus enemigos y que la transición se ha encargado de mantenerlo vivo. Los mismos enemigos que no contribuyeron a salvar su vida. Los mismos sanguinarios a los que no les interesaba que, tras la guerra, José Antonio entrase con vida en Salamanca. Precisamente en Cuenca, José Antonio obtuvo suficientes votos para un escaño pero la elección fue declarada como una repetición -en la primera vuelta no estaba incluido en la lista- y no pudo obtener la inmunidad parlamentaria que le hubiese librado de la cárcel. 
Es imposible averiguar lo que tuvo que pasar por su cabeza para llegar a la determinación de ofrecerse como persona conciliadora. Quiso que le sacaran de prisión para convencer a los dos bandos. Su intención era que depusiesen sus armas provocando así el fin de la guerra civil. Nadie le creyó y el 20 de noviembre, la República lo ejecutó.
A lo mejor, estando en prisión, su vida se le tuvo que presentar como una película en la que vio -con muchisima claridad- cómo el odio que había sembrado estaba a punto de volverse contra él. Y es que José Antonio fue el fundador de esos guerrilleros de la clase conservadora que dieron en llamar Falange y cuyo fin era desestabilizar -desde la violencia- el gobierno de la República. Y es que, José Antonio, conspiró contra el gobierno de la República incluso desde la prisión en la que estaba recluido -debido al intento de asesinato de un socialista-. Hasta el último momento, deseó y contribuyó a que el golpe militar triunfase. Y triunfó pero a él nadie le quiso ya con vida. 
El mito de José Antonio como persona “progresista” y conciliadora promovido por cierto sector de la izquierda. El mito de José Antonio como Santo Cruzado promovido por los franquistas, grabado en la piedra -en el 2015-, de algunas de nuestras catedrales: ¿qué hay de verdad en ambos mitos? Quizá, lo importante, es saber que José Antonio fue uno de los responsables de la gestación del conflicto. 
Yo también creo que la ejecución de José Antonio fue un grave error por parte de la República. José Antonio estaba encarcelado desde marzo de 1936, cuatro meses antes del levantamiento militar. Se le ejecutó tanto por su innegable participación en la preparación de la rebelión como por lo que se suponía que habría hecho si hubiese tenido libertad.
José Antonio probablemente sintió miedo pero nunca sabremos si, como persona, en tan corto periodo de tiempo -tres meses- fue capaz de someterse a una restitución de valores tan profunda que le condujo a amar no solo su vida, también la de su prójimo -incluso la de los rojos comunistas-. Nunca lo sabremos.