22 diciembre, 2014

El mejor concesionario.

En su interés por potenciar el pequeño y mediano comercio de la ciudad, el Ayuntamiento de Cáceres pone a disposición de las entidades interesadas, la Plaza Mayor de la ciudad: el mejor concesionario.


18 diciembre, 2014

1936.


Y eso es lo que hace a este tebeo absolutamente peligroso, porque el toro sagrado sigue siendo usado por mucha gente que se sienta en según que despachos, y sigue muy presente en la vida de muchos obcecados que solo aceptan que se hable “del toro” según las formas y ritos apropiados que se adhieran a su visión: ¡No mancillarás la memoria de Franco, no mencionarás a Durruti en vano!
Rafael Jiménez & José Antonio Sollero. 1936 La Batalla de Madrid. Editorial Almuzara, 2014.

Grandes.


09 diciembre, 2014

Castro.



Cómo se puede decir tanto con tan pocas palabras. Castro -Esteban G. Ballesteros-, calla. Pero hay que ver cuánto cuenta con ese silencio, con esa mirada esquiva, con esos brazos cruzados. Conozco personas que no soportan la violencia explícita de Scorsese. Yo disfruto con él -con el cine de Scorsese- pero también con esas películas en las que se crea una atmósfera inquietante, hasta terrorífica. La cámara desenfocada que “muestra” unas fotografías en las que sabemos -pero no vemos- que hay algo terrible. Ese es otro acierto de El mal del arriero. Siento cómo los muertos los devuelve el río pero no veo por ningún lado ni rastro de sangre ni de violencia explícita. En Montecerrado los ojos de Elías nos cuentan que allí se tortura y asesina -y los de Castro, sus ojos, nos ocultan lo que allí ocurre-. Aunque no vemos nada, podemos sentirlo, podemos vivirlo. Todos los aperos de tortura están allí, en aquella estancia, pero sólo lo ven los ojos de Elías. Y sus ojos, nos lo cuentan -qué gran actor-. Puedo llegar a entender que seis meses después apriete el gatillo. 
En algún momento me imagino que alguien le va a cortar la nariz como a Jack Nicholson en Chinatown. Pero las heridas de Elías son más profundas -hasta llegar al alma- y su destino todavía puede ser peor. No lo vemos pero lo sabemos.

Felipe.

Estimada Sonia, estoy contigo. Creo que Felipe –Carlos Álvarez-Novoa- es un personaje fundamental. Explica muchas cosas como, por ejemplo, la complicidad en la que estamos instaurados tan alegremente, tan cobardemente. Se me antoja que las palabras de Felipe explican, por ejemplo, la pasividad con la que reaccionan los transeúntes mientras asisten a la paliza que le propinan al artista callejero. Yo ya no tengo nada que perder, creo recordar que cuenta Felipe. Y por esa razón, puede hablar acerca de los males que protagonizan nuestros personajes inseguros, impunes y inmaduros. Pero no sólo Carlos Álvarez-Novoa me seduce… Sonia, creo que se lo contaba a Celestino o a Alicia. Ahora no lo recuerdo. Contaba que otra de las bondades de El mal del arriero era la cámara que contaba y sugería tantas cosas sin reparar en ella. Para mí esto es fundamental en el cine y les ponía como ejemplo de lo contrario una película de los años 70: Duel –en España del Diablo sobre ruedas-. Spielberg que todavía no era famoso puso en práctica tomas muy acertadas pero, en cambio, no pudo ocultar al espectador su ejercicio virtuoso de cómo manejar la cámara de mil maneras distintas.

07 diciembre, 2014

El mal del arriero.

Me cuenta que la transformación es lenta y que el ritmo de El mal del arriero, así lo requiere. La degeneración personal motivada, estimulada o generada por el poder en sus múltiples facetas (dinero, sexo..), es lenta. El cambio no se produce de un día para otro. Son años los que se requieren para asentar una identidad y otros tantos, para perderla.

¿A dónde vas a ir, tú que nunca sales de casa? Creo recordar que le preguntan, ¿se trata de un viaje a la infancia, un viaje para comenzar de nuevo? 
Me cuenta que el agua está muy presente. Dice, mientras apura su bebida, que se sienten sucios pero sucios por dentro: la moral sucia que se manifiesta en unos actos igualmente sucios. El agua corre, purifica, pero sólo los niños se mantienen inocentes y puros.
Le dicen que no sabe lo que anda buscando. Parece que ya no está entre nosotros. Ni el violento apretón de huevos le hace reaccionar y reconocerse como actor de reparto en esa inmundicia y corruptora obra a la que estamos asistiendo: ¿de qué me estás hablando? Ya no está aquí, ya corre hacia esa infancia, con dos balas meadas, mientras el faro le observa.