05 noviembre, 2014

Seré asesinado.

Anoche vi la película I will be murdered (Seré asesinado), del director Justin Webster: conmocionado.

03 noviembre, 2014

Frente a la hostilidad.


El otro día un diputado del PP dijo que si Podemos llegaba al poder pasaría como en Venezuela: se acabaría la democracia. Sin duda alguna, ese tipo de mensajes tienen su reflejo en actitudes como las que muestra la fotografía -sede de Podemos de San Lorenzo del Escorial-. Ese tipo de actitudes son detestables y, en realidad, son las que hieren a las democracias. Esas actitudes que desean la muerte de Pablo Iglesias son repudiables. Por extensión, todas las actitudes que niegan la sociabilidad lo son –repudiables-. El camino a la sociabilidad pasa por la capacidad para generar identidades positivas. Pintar la esvástica nazi en una sede de Podemos tiene una clara intención: generar hostilidad. Pintar la hoz y el martillo en una sede del PP persigue la misma intención: generar hostilidad. 

De la política de partido, ahora mismo, me interesa su capacidad para tomar el poder de manera urgente. Me interesan las apuestas que rompan el inmovilismo y que tengan como fin ocupar el parlamento para legislar y dar fin a las emergencias sociales que estamos padeciendo –unas personas más que otras-. Habrá distintas fuerzas de la política de partido pero yo me decanto por Podemos. Esta fuerza política ha de contar con el mayor apoyo social para que, una vez haya tomado el parlamento, pueda dar solución a las distintas emergencias sociales legislando a su favor. Todas las fuerzas de la política de partido que demonizan a Podemos saben que éste sigue las reglas del juego establecido. Podemos ha sabido canalizar la indignación general y por eso le tienen pánico, le tienen terror. 
Monedero contó hace poco que no sólo teníamos que “barrer de puerta para adentro, también teníamos que barrer las escaleras e incluso salir a la calle”. Yo no creo que fuese una metáfora. Del cambio que se está produciendo, este “barrer” es la parte que más me ilusiona por lo que encierra: ser los protagonistas y comprometernos con nuestra realidad más inmediata. Porque no todo se acaba con la toma del parlamento. Si queremos apoyar a nuestros pequeños y medianos empresarios no bastará únicamente con legislar: tendremos que dejar de comprar en el Mercadona. Si queremos ver nuestras calles limpias tendremos que, literalmente, salir a barrerlas –por esta razón negaba la metáfora de Monedero-. Ese salir a la calle a barrer parte de la necesidad de hacer comunidad, de recuperarla, de vivirla. 
Confío en que la mayoría de las personas entiendan la razón por la que el Estado le ha puesto escolta a Pablo Iglesias: la amenaza de muerte quita el sueño pero no las ganas de continuar caminando hacia el cambio que ya ha llegado. Sólo hay que abrir los ojos para verlo.

01 noviembre, 2014

Contradicciones.


Hace poco una entidad bancaria patrocinaba en Cáceres la exposición El Ártico se rompe. En estos días, también en la parte vieja de la ciudad, otra entidad bancaria invita a descubrir uno de los Ferrari –réplica- de Fernando Alonso (la exposición creo que se llama el Motorhome Ferrari). Ante semejantes contradicciones, la conclusión que saco es: allí donde hay ganancia, allí está la entidad bancaria –y los gobiernos, facilitando los negocios-. Sólo así logro entender semejante despreocupación ante lo que ya tenemos encima: la devastación ecológica mundial. Porque si el Ártico se rompe lo mejor es organizar una flamante carrera de Fórmula 1 en la que unos chiquillos quemen ruedas y gasolinas por pura diversión. Sólo una persona movida por su cinismo no encontrará relación entre lo uno y lo otro. 

Ese nuevo gobierno que se avecina y que tanto miedo está generando, tampoco, en principio, ofrecerá alternativas radicales para comenzar a cuidar desde el sentido común nuestra Tierra –la de todas las personas-. Hace unos días en televisión mostraba su preocupación por la crisis ecológica del planeta pero le parecía quijotesco iniciar en solitario la aventura. Habló de cambio global, es decir, a que el problema mundial requería de una solución mundial. Ya antes habló de continuar generando riqueza –material, en ningún caso habló de felicidad- para salir de la crisis. Meses atrás rememoró a Keynes. Nadie en estos momentos, en los distintos gobiernos, está dispuesto, por ejemplo, a reducir a cero la producción de la industria automovilística. Siendo ingenuo, a lo mejor no se asesoran lo suficiente y, por lo tanto, ignoran las ventajas de esa medida –también se crearían empleos sin la necesidad de tener que desplazarnos en un “troncomóvil”-. 
Como el agua todavía no está privatizada, el gobierno cuenta con suficiente autoridad moral para motivar al ciudadano en el ahorro de agua o incluso, llegado el caso, a someterlo a la privación temporal de dicho bien. Sería ingenuo, por mi parte, pensar que el gobierno respecto al problema de la crisis ambiental cuenta con algún tipo de autoridad. Hace tiempo vendió todo y las multinacionales se llevaron la ganancia. Aquí parece que nos dejaron un estilo de vida libre –la “libertad” que proporciona el conducir por carreteras que han engullido nuestro ecosistema, la esclavitud de mantener a punto unos automóviles programados para romperse con cierta periodicidad-. 
La suerte está echada –la entidades bancarias, entre otras, son patrocinadoras de la misma-.