07 diciembre, 2014

El mal del arriero.

Me cuenta que la transformación es lenta y que el ritmo de El mal del arriero, así lo requiere. La degeneración personal motivada, estimulada o generada por el poder en sus múltiples facetas (dinero, sexo..), es lenta. El cambio no se produce de un día para otro. Son años los que se requieren para asentar una identidad y otros tantos, para perderla.

¿A dónde vas a ir, tú que nunca sales de casa? Creo recordar que le preguntan, ¿se trata de un viaje a la infancia, un viaje para comenzar de nuevo? 
Me cuenta que el agua está muy presente. Dice, mientras apura su bebida, que se sienten sucios pero sucios por dentro: la moral sucia que se manifiesta en unos actos igualmente sucios. El agua corre, purifica, pero sólo los niños se mantienen inocentes y puros.
Le dicen que no sabe lo que anda buscando. Parece que ya no está entre nosotros. Ni el violento apretón de huevos le hace reaccionar y reconocerse como actor de reparto en esa inmundicia y corruptora obra a la que estamos asistiendo: ¿de qué me estás hablando? Ya no está aquí, ya corre hacia esa infancia, con dos balas meadas, mientras el faro le observa.