10 octubre, 2014

Calígula.

“Albert Camus, ante el auge alcanzado por el totalitarismo en la Europa de su época, recurre a la figura del antiguo déspota romano para tratar de explicarse y explicarnos el origen de la floración de tan inhumanos regímenes, encontrándolo, al fin, en la misma base del orden social vigente. Contrariamente a lo sostenido por la Historia, para él Calígula no es un asesino demente, sino que la demencia reside en el sistema socio-económico en el que dicho tirano ejerce su poder. Si, de acuerdo con el mencionado sistema, lo primordial es el dinero, hay que deducir, lógicamente, que, según él, la vida humana tiene una importancia secundaria”. Joaquín Vida -versión, ambientación y dirección de Calígula-.
Yo no he leído a Camus pero sí a Enrique Martínez Reguera y en éste último encuentro semejanzas con el primero. Martínez Reguera sostiene que somos relación, nos hacemos personas en relación con los demás. Es en esta relación donde se forjará nuestra identidad. Si en nuestra relación predomina la crueldad y la tiranía, tenderemos a repetir esos esquemas a la hora de relacionarnos con los demás. Pero Martínez Reguera no se olvida de lo crucial de contar con un sistema en el que todas las personas se encuentren satisfechas. De esta manera, si en nuestro entorno más inmediato las relaciones que predominan son nocivas, antes de enjuiciar, habrá que analizar y tener muy presente qué sistema de relaciones global las está generando y consolidando. Igualmente, Reguera habla de lo necesario de acabar con ese culto que rendimos al Oro del Becerro que no al Becerro de Oro. Un culto que, por ejemplo, en la lógica de quienes nos gobiernan, la vida humana pasa a un plano irrelevante. Sólo así se entiende, por ejemplo, que se “asesten puñaladas” de manera despiadada al sistema de salud con el fin “sanearlo”. O que a los chavales, víctimas de una sociedad enferma, se les ofrezcan respuestas policiales y judiciales para que superen las desventajas de haber padecido y sufrido una crianza vulnerada -atención, no culpar a los padres y madres de los chicos, ya que, ambas partes forman los eslabones de una misma cadena-. 
Joaquín Vida, hace mención a lo más sagrado: “Profundizar hoy, zarandeados como estamos por una crisis económica a la que le es sacrificado hasta lo más sagrado....”. Y yo me pregunto: ¿Acaso hay algo más sagrado que la vida humana, es tan primordial el dinero para que la vida humana pase a un segundo plano? En cuanto a lo último, parece que sí, que el dinero es lo primordial, sólo así logro entender tanta brutalidad.

En un momento de la representación, Calígula tiene “planes” para la mujer de uno de los patricios que le acompañan. La mujer está aterrada y Calígula la viola delante de su pareja y delante de todos los demás. Nadie hace nada para impedirlo. Incluso continúan hablando con tranquilidad. Hasta en esto se mostró de rabiosa actualidad la adaptación de Joaquín Vida. Me explico o mejor me pregunto: ¿Cuántas personas han muerto ya por ébola en África? Cientos, miles. La vida humana en África es secundaria y no hacemos nada. Es decir, actuamos de la misma manera que esos patricios que charlan con despreocupación mientras el depravado Calígula -víctima de un “orden” superior- viola a una de las mujeres. Pero todo cambia cuando nuestro culo blanco se siente amenazado y sacrifican a uno de nuestros perros. Sólo entonces parece que actuamos o, por lo menos, la cosa da para que polemicemos un rato mientras nos sentimos orgullosos de nuestra supuesta seguridad.
Anoche fui con un amigo al teatro: sencillamente, una experiencia realmente emocionante e inolvidable.