19 agosto, 2014

El sumario de Fomento.

El sumario de Fomento: triste realidad y experiencia que nos obliga a perdonar y a repudiar la violencia –provenga de donde provenga-.
Hace unos días ha habido alguna que otra manifestación antifascista en Extremadura. En las pancartas se podía leer: Ni Olvido, Ni Perdón. Debido a la formación que estoy adquiriendo en los últimos tiempos, creo que la memoria es un requisito indispensable para poder perdonar. Tenemos razones para ambas cosas: para no olvidar y para perdonar. Las razones para mantener viva una memoria tendrían una clara finalidad: superar el odio, el rencor, -lo nefasto- de la incomunicación y el fanatismo. Partiendo de la anterior finalidad, creo conveniente no detallar las razones que nos llevarían a perdonar –fácilmente, pueden ser establecidas por las personas que han logrado superar, por ejemplo, el fanatismo o que, sencillamente, nunca se han asomado a tan terrible precipicio-.
Nunca hasta ahora me habían hablado del sumario de Fomento: una triste realidad y experiencia que nos obliga a perdonar a sus protagonistas y a repudiar la violencia –provenga de donde provenga-.
La cita que a continuación comparto y que he extraído del libro imprescindible de Eduardo de Guzmán, Nosotros, los asesinos da cuenta de la irracionalidad que empujó a aquellas personas a hacer lo que hicieron en aquel contexto inhumano. Lo que nos cuenta Eduardo de Guzmán lo pone en boca de Fernando García Peña. No puedo dejar de imaginarme el rostro de Eduardo de Guzmán cuando su compañero de presidio –y condenado también a muerte- le relataba semejante atrocidad. Yo creo que por respeto a la memoria de García Peña, Eduardo de Guzmán, respecto al sumario de Fomento, no hace juicio alguno acerca del testimonio ofrecido por aquel. El silencio en este caso de Eduardo de Guzmán no tendría que significar nada, ya que, nunca hay que olvidar que su obra es un alegato en contra de la violencia y de la guerra y considera a todos sus protagonistas, sin distinción de ideologías, víctimas y verdugos de aquel baño de sangre que ocurrió en España. En cambio, a mí, especialmente, hay una afirmación que Eduardo de Guzmán pone en boca de García Peña que me conmueve: nuestra mayor equivocación fue asesinar a demasiadas personas y fusilar a muy pocas. Ni un contexto de guerra ni teniendo a favor un Código de Justicia Militar, pueden justificar la siguiente aberración: la de matar a una persona. Por mucho que esa persona participase en el Levantamiento de aquellos días de julio de 1936, nunca quedaría justificada su muerte. Otra cuestión es que pueda resultar comprensible pero nunca, insisto, justificado. Tampoco, jamás, quedaría justificado y vuelvo a insistir en la cuestión, aunque lo juzgase un Tribunal Popular compuesto por lo más “selecto” de los partidos y organizaciones de la izquierda de aquella época. Aunque ese Tribunal Popular fuese digno gracias a los valores extraordinarios de esas organizaciones de izquierdas, no hay que olvidar lo siguiente: las ideologías no nos hacen mejores personas, nuestras acciones sí. Y hay que proclamarlo a los cuatro vientos: quitar la vida a tantas personas como lo hicieron en aquellos primeros meses de guerra fue una acción aberrante.
El sumario de Fomento lo protagonizó el odio, la sinrazón, la incomunicación y el fanatismo que reinó en aquel contexto previo a la Guerra Civil española y durante la misma. En este caso, los protagonistas pertenecieron a lo más variado de las organizaciones y partidos políticos de la izquierda de aquella época.
Eduardo de Guzmán hace una advertencia en su libro: invita a no leerlo a toda aquella persona que pretenda utilizar la información con el fin de alimentar su odio y su rencor y emplearlos contra los demás. Pues eso, que la persona que esté interesada en leer el siguiente extracto lo haga partiendo de esos principios básicos que contribuyen, por ejemplo, a derribar los muros que todavía hoy nos empeñamos en levantar gracias a la incomunicación.
Ahí va el extracto del libro Nosotros, los asesinos (Eduardo de Guzmán, Ediciones Vosa, 2008):
“Fernando García Peña, republicano como Dicenta, de edad y estatura parecidas a las suyas, opina de manera muy diferente. Es hombre que probó su temple en las conspiraciones y cárceles durante la dictadura y que mientras muchos de sus correligionarios abandonan Madrid en los primeros meses de la contienda, permanece en su puesto hasta el último segundo. Le conozco hace varios años y le sé persona inteligente, con ideas claras que ni oculta ni disfraza”. Eduardo de Guzmán. Nosotros, los asesinos. Ediciones Vosa, 2008.
“Las condenas y las sacas prosiguen durante todo el mes con ritmo acelerado. A diferencia de los juicios que se celebran todas las mañanas, en los que comparecen centenares de personas y de los que sería inútil buscar en los periódicos la menor referencia, los diarios anuncian ahora un Consejo de Guerra sumarísimo de urgencia, cuya importancia subrayan unánimes, rodeándole de extraordinaria expectación: el que va a juzgar a todos los implicados en el sumario de Fomento”. Eduardo de Guzmán. Nosotros, los asesinos. Ediciones Vosa, 2008.
“-Contra todo lo que ahora se dice –afirma-, Fomento salvó la vida de muchas más personas que condenó. Su finalidad única era terminar con los paseos, imponiendo una justicia, todo lo sumaria que se quiera, pero siempre con mayores garantías y posibilidades de defensa para los que juzgaba, que las que tenían de ser detenidos por grupos irresponsables. 
Hace hincapié en un hecho irrefutable: que los paseos, abundantes en los cuatro primeros meses de la guerra, fueron severamente condenados en todo momento tanto por el Gobierno como por las figuras más destacadas de los partidos y organizaciones izquierdistas. También que cuando en el mes de diciembre se han reconstruido las bases del Estado republicano, los paseos cesan por completo y no vuelven a darse en los dos años y pico que todavía dura la guerra.
-He sostenido siempre –añade- que nuestra mayor equivocación fue asesinar a demasiadas personas y fusilar a muy pocas. El Gobierno quiso impedirlo desde el primer momento; no pudo por la sencilla razón de que carecía de la fuerza necesaria para imponer sus decisiones.
Los gobernantes republicanos eran en los primeros meses unos señores investidos teóricamente de autoridad, pero que no disponían en la práctica de los medios coercitivos indispensables para hacerla respetar. Tanto en los frentes como en la retaguardia había muchas gentes armadas, pero que sólo en determinadas ocasiones y circunstancias ponían sus armas –que habían conquistado en el asalto de los cuarteles- al servicio de las órdenes del Gobierno. Campeaban libremente por sus respetos y hacían justicia en la forma que les parecía.
-En estas condiciones eran inevitables las ejecuciones sin juicio previo, cometiéndose no pocas barbaridades, ya que gentes cegadas por la pasión o movidas por razones personales más o menos inconfesables se dedicaban, no a servir la causa antifascista, sino a saciar torpes deseos de venganza. 
El Gobierno no podía impedirlo, aunque lo intentaba por todos los medios, ya que contra él y la legalidad que representaba, se habían sublevado, no sólo una parte del Ejército, sino las fuerzas de orden público, la policía, los jueces y casi toda la armazón administrativa y burocrática del Estado. 
-En estricta justicia fueron los sublevados los culpables de los paseos, ya que dejaron al Estado totalmente indefenso.
Fomento es un intento desesperado por parte del Gobierno para terminar con hechos como los que se producen a raíz del asalto de la Cárcel Modelo. Como no dispone de la fuerza precisa para imponerse, trata de llegar a un acuerdo con todos los partidos y organizaciones antifascistas y lo consigue. Todos acceden a nombrar representantes que, asesorados por magistrados y abogados, integren unos tribunales populares que juzguen la posible culpabilidad de los detenidos. ¿Que se cometen injusticias y se condena a muchos que no debieron serlo?
-Es probable –reconoce García Peña-, aunque en realidad una mayoría de los condenados pudieron serlo –y en circunstancias normales lo hubieran sido- con sujeción estricta a los artículos del Código de Justicia Militar. 
En cualquier caso, hubo muchos detenidos que se salvaron y que de no funcionar Fomento no habían podido salvarse. Si no se consigue acabar de golpe con los paseos, se logra cuando menos una sensible disminución y, lo que es todavía más importante, que quienes lo perpetran puedan ser denunciados y perseguidos.
-Y no de una manera nominal, sino real y efectiva. La prueba es que juzgamos varios casos de venganza personal, de ensañamiento morboso, de atropellos y latrocinios y en todos los casos los culpables recibieron el más duro de los castigos. 
Es triste y lamentable que se dieran paseos en Madrid. Aun habiéndose exagerado desmesuradamente su número por la propaganda adversaria, constituyen una mancha para la República y contribuyen a restarle ayudas y simpatías. Pero la culpa no es de los gobernantes republicanos, ni siquiera de quienes actúan en Fomento, sino de los que desencadenan la mayor de las catástrofes que puede sufrir un país civilizado: una cruenta guerra civil. 
-Van a fusilarme como si fuera un monstruo –concluye amargado-, pero moriré con la conciencia tranquila de haber hecho cuanto estuvo en mis manos para poner coto a una trágica etapa de violencia y sangre. 
A las pocas noches se le llevan para fusilarle en compañía de otros diecisiete reclusos de Santa Rita”. Eduardo de Guzmán. Nosotros, los asesinos. Ediciones Vosa, 2008.