25 julio, 2014

El encuentro.


Nos encontramos en un lugar en el que ondean las banderas independentistas. Han elegido lugares llamativos para situar sus aspiraciones: el castillo y la isla. Mi aspiración, en cambio, es que nos regalemos el derecho de Autodeterminación. La presencia de banderas mientras se hacen las demandas correspondientes no es más que una forma de anticipar el resultado y unos intereses –los que sean-. Como siempre me he quejado de la sobradad capacidad del personal para imponer en lugar de convencer, creo que la presencia en la calle de las personas que aspiran al cambio –el que sea- ha de ir precisamente por otro camino. Me refiero a todas esas capacidades que tenemos o que podemos aprender, para hacer parir al personal sus propias ideas y, cuando sea preciso, sus propias banderas.
La tormenta que estoy viendo en estos momentos es espectacular. Nuestra pareja de amigos ya se ha marchado. Me he quedado con ganas de decirle a mi amiga que es una mujer maravillosa y que, en su ser, anidan unas capacidades asombrosas: su sonrisa y su capacidad para hacer sentir bien a las personas con las que se relaciona. Y su pensamiento alejado de cualquier inmovilismo y de cualquier sectarismo retrógrado.
En este encuentro breve pero intenso compruebo una vez más la huella que ha dejado en mí esta chica.
Me despido con la certeza de que nos volveremos a ver.

No hay comentarios: