25 junio, 2014

Sentido común.

Por conductas menos irrelevantes en el instituto a un chaval se le ha puesto un parte –despacho parapolicial- e incluso se le ha expulsado a la calle -supongo que con el fin de que le socialicen en otra parte-. El Cholo anoche se sentiría provocado pero su conducta fue desmedida. En realidad, lo que me interesa de todas estas pasiones desatadas es la forma de resolver el conflicto: y la de anoche fue genial. En un principio nadie reconocía a la autoridad y hubo un momento en el que los protagonistas del conflicto se desahogaron con esas conductas que millones de personas pudieron observar. Pero después de la tormenta vino la calma. Los ánimos parece que se apaciguaron: ¿por qué en otros contextos como en los institutos y con chicos que no saben –porque nadie les ha enseñado- canalizar su frustración no se actúa de igual manera que anoche? Si un chico se revuelve contra la autoridad e irrumpe con desaire en el despacho del tutor recurriendo a los insultos –como el Cholo- suele ser expulsado porque es inadmisible y propio de personas violentas. Además, como un día me dijo una jefa de estudios, el resto de la clase tiene que saber que las malas conductas tienen un castigo con el fin de que no se nos suban a las barbas. Pero la conducta del Cholo, supongo que por su posición social, forma parte de esta sociedad selectiva que no selecta. Y mientras unos chicos que han sido mal educados por los adultos sufren las consecuencias del conductismo, otros disfrutan de la asombrosa capacidad del ser humano para resolver los conflictos desde el más genuino y apreciado sentido común.