22 marzo, 2014

Encender una hoguera.

En Encender una hoguera de Jack London encuentro la cruda metáfora del estado de cosas actual: ¿acaso el Neoliberalismo no es un terrible e interminable invierno con temperaturas imposibles de sesenta grados bajo cero? Y encuentro respuestas. Y esas respuestas no son otras que las que anidan en nuestro ser. Esas respuestas que parten desde nuestro conocimiento. En definitiva, esas certezas: esta travesía, no la podemos hacer solos. Lo saben muy bien todas esas personas que llevan compartiendo, estos días, agua, comida y techo. A muchas de ellas, les une la desesperanza y los azotes de este “invierno” interminable. Pero, en especial, lo que les une es la firme creencia de sentirse acompañados.

La helada había hecho mella en su cuerpo. Sus manos estaban inutilizadas. Sin embargo, tuvo la precaución de meter el haz de fósforos dentro del holgado bolsillo de su chaqueta entes de volver a ponerse los mitones y empezar a correr desesperadamente por el camino.
Aun así, como descubriría muy pronto, es imposible descongelar unos pies mojados corriendo a sesenta grados bajo cero.
A la vuelta de una curva cerrada del arroyo, llegó a un punto desde el cual se podía divisar una milla de terreno.
Pero no vio nada que indicara la posibilidad de ayuda, ¡sólo el blanco de los árboles y las colinas blancas y el frío silencioso y el silencio impúdico! Con un camarada con los pies secos, pensó, con uno sólo, bastaba para encender la hoguera que le salvaría la vida. Jack London. Encender una hoguera (Las dos versiones). PERIFÉRICA, 2013.

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