01 abril, 2014

Deprisa, Deprisa 4.

A lo largo de toda la película, la escuela brilla por su ausencia. ¡Qué fácil es responsabilizar a los chavales “inadaptados” de su fracaso escolar! ¡Qué fácil es reconocer a sus padres como responsables del fracaso de sus hijos “tarados”! En este caso, padres e hijos son eslabones de una misma cadena. El fracaso escolar responde también a otro orden de cosas que supera la recurrente competitividad (los que se quedan atrás, nos cuentan, son los “torpes”). Además, este fracaso escolar suele ir de la mano de una pérdida crucial. Se trataría de la pérdida encargada de anticipar con esperanza un futuro al que poder sacrificarse día a día:

Los libros que hablan de muchachos difíciles o inadaptados, suelen mencionar ciertos rasgos como más característicos: “los inadaptados son muy inestables”, suelen repetir. En efecto, los muchachos explotados son muy inestables, tanto como instantáneo es cada estímulo al que han de dar respuesta. ¿Qué otra cosa podrían ser personas a quienes tanto cuesta negarse al momento que están viviendo para esperar algo de su incierto futuro? Enrique Martínez Reguera. Cachorros de nadie -Editorial Popular. 1988-.

En la escuela a la que envío yo a mis niños, admirable escuela, entrañables profesores, entienden muy bien la naturaleza profunda de esta “inestabilidad”; por eso cada quince días los niños proyectan su plan de trabajo de acuerdo con el profesor, y cada quince días lo concluyen como en una especie de fin de curso. Enrique Martínez Reguera. Cachorros de nadie -Editorial Popular. 1988-.

He aquí la clave de la cuestión: no sabe diferir el placer quien no es capaz de “anticipar” el futuro. La percepción del tiempo que tienen los niños adolescentes explotados es radicalmente distinta de la temporalidad que vive cualquier otro muchacho, porque no saben anticipar el futuro. Enrique Martínez Reguera. Cachorros de nadie -Editorial Popular. 1988-.

Cualquier estudiante, cualquier deportista, construye su futra “carrera” sobre ese mecanismo que consiste en anticipar las satisfacciones (medios de vida, status social) que se supone van a conseguir, de un modo suficientemente imaginativo y esperanzador como para que les compensen asumir los esfuerzos a que durante tantos años se ven obligados. Enrique Martínez Reguera. Cachorros de nadie -Editorial Popular. 1988-.

Por la misma razón, infinidad de niños fracasan ya en la Escuela Primaria porque intuyen claramente que no les vale la pena tanto esfuerzo, mientras su pobreza y el paro inunden de inseguridad su futuro, mientras la selectividad y la competitividad lo pongan todo imposible para una mayoría desfavorecida, cuando han perdido la posibilidad de anticipar con esperanza un futuro al que poder sacrificarse día a día. Enrique Martínez Reguera. Cachorros de nadie -Editorial Popular. 1988-.

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