30 agosto, 2013

La Minerva.


Así, no.
Ayer me senté en La Minerva –plaza mayor-. Pedí el menú de 12 euros –más un euro de pan, al no estar éste incluido-. El restaurante tiene un cubo de basura en la calle –a la vista de todo el mundo- en el que van tirando los restos de comida así como servilletas sucias, etcétera. El cubo tiene la tapa verde siendo su recipiente gris. Tiene un sistema de esos que pisas un pedal y se levanta la tapa. Lo curioso es que ese pedal parece que está roto, ya que, todo el personal del restaurante con una mano levanta la tapa y con la otra deposita la basura. La tapa verde del cubo estaba ligeramente sucia. Después de realizar la acción descrita, te montan la mesa y te sirven la comida. Estuve a punto de comentárselo al que estoy seguro que era el dueño o el encargado del negocio pero me quedé bloqueado: era una rutina –la de meter la mano en el cubo de la basura sin un aseo posterior- tan asumida que llegué a pensar que todo era debido a mis escrúpulos.
La próxima vez, antes de sentarme en ese sitio, comprobaré si el cubo ha sido arreglado. En caso contrario, me iré a casa a comer –que creo que es lo mejor-. También como buen propósito dejaré de ver el programa de Chicote y no pensaré en qué puede ocurrir dentro de esos espacios a los que mis ojos no llegan.
Así, no.

09 agosto, 2013

Almudena Ariza.

Hace unos años me llamó por teléfono Almudena Ariza. Me dijo que quería una familia de Aldea Moret. Me ofrecí para mostrarle otra visión del problema. Llegó tarde a la cita pero lo que más me jodió fue su empeño en avivar la guerra entre los pobres. Lo que siempre quiso para su reportaje fue carnaza, sensacionalismo barato. A esta reportera ni a los intereses que representa le preocupa acabar con la pobreza. Para la ocasión vestí una camiseta negra de Refinería NO. Recuerdo que uno de los cámaras era de Mérida y me guiñó el ojo lo cual me llenó de orgullo. Pero nunca aparecí en el reportaje que se emitió al cabo de unos días -Ariza nunca me dio ninguna explicación, a mí, un don nadie-. En todo momento, mientras me grababa, me mostré contundente y arremetí contra la Administración inhumana dirigida por políticos necios e hipócritas que habían erradicado el chabolismo de la ciudad para crear otro -un chabolismo vertical- en la periferia de la ciudad. Hoy día sigo pensando lo mismo que entonces pero he introducido un matiz importante: esos políticos locos están en el poder debido a que nos empeñamos en que nos representen. Están ahí debido a que hay personas que delegamos en ellos. Están ahí porque no queremos reconocer que tenemos poder, un poder potencial y una fuerza inimaginable para acabar con la pobreza y hacer de este mundo un lugar más cálido y habitable. Para ello es obligatorio una revisión de los valores actuales: adoración sin límite al dinero, el egoísmo, etcétera. A Almudena Ariza, el anterior matiz, tampoco le hubiese servido.

Que la ley del más fuerte se cubra de herrumbre y descrédito.


En una ocasión tuve la gran suerte de estrechar su mano -los héroes de carne y hueso resultan cercanos-. No pierdas el tiempo en buscarle en el "ejército humanitario" al servicio del sistema. Toda su persona irradia valores respetuosos con el prójimo lo que ha conducido al totalitarismo capitalista a mantenerlo lejos de sus filas -no vaya a ser que los seres que caminan por este mundo se vayan a contagiar de esa cualidad tan preciada: la humanidad-.

03 agosto, 2013

DECIMOCUARTO ASALTO.


Benjamín Franklin decía aquella famosa frase: "Quien cede una parte de su libertad esencial por un poco de seguridad, no se merece ni la seguridad ni la libertad". Julio Rubio Gómez. DECIMOCUARTO ASALTO. La adolescencia golpeada -sentir, pensar y luchar en el barrio-. Editorial Klinamen.


A Julio Rubio le despidieron de la Torre por no callarse, por hablar alto y claro, por denunciar las injusticias, por enfrentarse a las instituciones y a todo un "ejército humanitario".

Siento que muchos podemos ser los protagonistas de la frase de Franklin -yo lo soy-. También siento y sé que Julio Rubio Gómez también podría ser el autor de la famosa frase.

DECIMOCUARTO ASALTO, es un libro imprescindible para descubrir el poder que todas las personas tenemos y lo que podemos llegar a hacer con él sin necesidad de líderes, de subvenciones y desde abajo.