19 diciembre, 2013

El azucarillo.


Lo público, por el simple hecho de ser público, no es obligatoriamente sinónimo de calidad. Las personas con su labor y con su manera de entender el servicio público podrían aportar la calidad a dicho servicio -lo mismo ocurre en lo privado-. Y con personas me refiero a las que hacen uso de ese servicio público como a los asalariados del mismo.

Que los trabajadores y la dirección de un Centro de Educación Infantil público, dependiente de la Junta de Extremadura, me digan que son incapaces de prohibir el consumo de golosinas en sus instalaciones, arroja bastante luz acerca de lo que pretendo explicar. Y no se quedan ahí, no. Responsabilizan a los padres de que eso ocurra, ya que, no pueden obligar a los padres a que no traigan golosinas cuando su hijo hace los años. Y la solución –de calidad- que me ofrecen es que a mis hijos no les van a dar las golosinas. Como padre –cuando estás en tu casa o en la calle- entiendo que puedes hacer lo que te dé la gana en este sentido: si tu opción es darle golosinas a tu hijo desde edades bien tempranas, puedes hacerlo. Pero que lo permita un Centro de Educación Público que manifiesta su sensibilidad con los hábitos alimenticios de los más pequeños, me parece que resta calidad al servicio que ofrecen.
La batalla de las golosinas está perdida desde hace mucho y no pienso vivir en una “isla”. Tampoco voy a hacer que mis hijos –con 26 meses- lo pasen mal viendo cómo a sus compañeros les regalan porquerías mientras que a ellos se las niegan. Ahora, en el momento de llegar a casa seré yo el que decida y es por esta razón por la que la mayoría del contenido de la bolsa de golosinas acaba en la basura -siento que esta actitud sea poco o nada decrecentista-.
Mis hijos en este segundo año de vida ya han probado el azucarillo que menoscaba la voluntad de padres y profesionales de lo público. Yo opto por obsequiar a los compañeros de mis hijos con un bizcocho –sí, lleva azúcar blanco refinado y harina no ecológica- y en ningún momento he dicho que yo sea un ejemplo a seguir. Por cierto, no me digáis que no es tierna la imagen que acompaña al texto.

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