20 diciembre, 2013

Así sí.


Yo no he dicho que no exista una violencia estructural por parte del Estado. Aquí, en este foro virtual, creo que podemos obviar lo anterior. Lo mismo que podemos obviar que el parlamentarismo español -salvo honrosas excepciones- esté muerto. Y sí, la gente de la calle y en especial los que hayan votado al bipartidismo e incluso los que hayan votado como en mi caso a IU -en Extremadura esta fuerza política también parece que es cómplice de los saqueadores del Estado- deberían tener mala conciencia. Pero para tener mala conciencia primero hay que tener, valga la redundancia, conciencia y además, información y cultura. Un ejemplo de hace décadas: aquellos que votaron el Sí o el No a la OTAN, en realidad y en general, no sabían lo que votaban. En la actualidad habrá votantes del PP muy conscientes con las políticas que están llevando a cabo pero habrá otras muchas personas que voten por inercia o por aquello que también se acordó en los Pactos de la Moncloa de los años 70: desinformar y mantener en la ignorancia a una masa de la población que se convertiría más tarde en esa masa silenciosa y consumista y, según vosotros fascistas, a la que tanto odio le tenéis. Con lo anterior quiero poner de manifiesto que no podéis estar tan seguros de que todos los votantes de las fuerzas políticas que están saqueando el Estado son cómplices conscientes de lo que están haciendo con su voto. Las razones hay que buscarlas en los 30 últimos años de la política de partido que se ha practicado en este país.

La solución que se ha apuntado aquí y con la que estoy radicalmente en total desacuerdo no hace más que condenarnos aún más a la marginalidad más absoluta. Mi propuesta es la siguiente: a la familia española –que con diferencia podría ser la más abierta y dialogante de Europa- no la podemos condenar a la ruptura entre sus miembros porque unos hayan votado al PP, otros al PSOE, otros a los ultraderechistas de CiU y de PNV –restos del carlismo-, otros simpatizantes y militantes de aquel PC que en los 70 pactó con el PSOE desterrar a la sociedad civil de los focos de poder y decisión….
Intereconomía, por ejemplo, genera odio y fomenta esta ruptura familiar que aquí estáis defendiendo. Y nuestra respuesta, compañeros, debería ser rescatar la política del diálogo. Y con respuestas como las que aquí se han planteado no hacen más que alejarnos de esos familiares votantes, de esos, según vosotros, cómplices del Estado saqueador. Y la política del diálogo que propongo entre nosotros, entre los iguales, tiene como base el Humanismo. Y los que estáis aquí y los que leáis esto, sabéis de sobra que nadie os impide salir a la calle y dar de comer al que lo necesite y compartir un hogar con el que lo necesite….y esto, queridos, no es hacerle competencia al Estado, esto es agarrar la sartén por el mango. 
Nuestro fin debe ser rescatar las comunidades y no ofrecerles como receta el odio y violencia que está aplicando en la actualidad el Estado. Y esta alternativa solo puede llegar a buen puerto desde la palabra y la fraternidad bien entendidas y no la fraternidad sectaria de un grupo que se autoproclama salvador del pueblo oprimido –la historia nos da sobrados ejemplos de aquellos que dejaron de ser oprimidos para ser opresores-. Sumar y no restar todavía más, esta es la receta. La persona –se entiende que demócrata- que decida trascender la marginalidad en la que estamos instaurados ha de ser un modelo a seguir y ha de tener la capacidad de generar identidades: si pretende fomentar el civismo entre sus iguales, él mismo se ha de mostrar cívico haciendo gala de unas habilidades basadas en el respeto y en la educación hacia los demás. Y así con todo: recuperando y construyendo nuestras comunidades sobre unos cimientos sólidos forjados en el Humanismo. 
Por cierto, lo virtual es una herramienta pero nunca será un fin. Desde Internet y desde lo táctil no conseguiremos alterar la dura realidad. Nosotros provenimos del foro y hemos de buscar las complicidades en las sonrisas o en el llanto de nuestros iguales. Y esto último hay que hacerlo en la calle y con la palabra en la mano. 
Y si el mundo que conocimos tiene que colapsar pues que colapse. El caminar hacia lo desconocido será todo un reto para los que creemos en otro mundo nuevo.
Nota: mi canto no es una llamada al abstencionismo electoral de 2015. Es otra cosa. Por ejemplo es un canto al sentido común exigiendo a los que luchan por ocupar el poder que lo hagan para satisfacer nuestros intereses y necesidades, esos intereses y necesidades del pueblo llano al que tanto les gusta nombrar.

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