30 noviembre, 2013

Cuando lo extraordinario se vuelve cotidiano es la revolución I.

Durruti murió de un balazo en el frente de Madrid, el 20 de noviembre de 1936, tras haber proclamado, junto a miles como él, el comunismo libertario en las tierras aragonesas. Fue un hombre legendario que nunca se separó del pueblo como hacen otros dirigentes. Cuando “expropiaba bancos burgueses” entregaba el dinero para montar escuelas gratuitas para los hijos de los trabajadores y no se quedaba ni calderilla para un café. Fue la antítesis del funcionario sindical y jamás poseyó nada. Sus eslóganes también me impresionaron: “Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”. “Cuando lo extraordinario se vuelve cotidiano es la revolución”. “Queremos una sociedad nueva, sin explotadores ni explotados”. “La revolución es una larga y difícil marcha hacia lo desconocido. La nuestra debe seguir un curso diferente al de la revolución rusa. No debe desarrollarse bajo la consigna: un partido al poder y los demás a la cárcel”. Los 70 a destajo -ajoblanco y libertad- .José Ribas. RBA Libros, 2007.

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