16 noviembre, 2013

1909.

Casi diez años ya viajando con cierta frecuencia a Badajoz. Siempre me llama la atención el caserón en ruinas. Siempre me apetece detenerme y entrar a imaginar la vida que allí hubo.
Viniendo de Cáceres, la casa se encuentra a diez kilómetros de la Roca de la Sierra. 
En Colón le cuento al chico lo de la casa. Ya hemos decidido que la mañana será para nosotros dos. Las migas nos han gustado mucho pero hemos echado en falta los torreznos.
En Universitas nos detenemos a contemplar el escaparate.
Está rodeada de cultivos y las botas pronto se nos llenan de tierra -esta tarde sin falta, unas zapatillas nuevas para el chico, se le mojan los pies-.
No hay ganado y, por lo tanto, no hay perros. No temas, me dice el chico.
Se fuma un cigarro frente a la chimenea.
El tiempo se detiene. Puedo sentir el calor del hogar que fue...
A la segunda planta no podemos subir. Las escaleras se han venido abajo.
Siembra de trigo, tenían el pan; siembra de verduras y hortalizas; ganado. Aquí lo tenían todo, cuenta el chico.
En la casa ha dormido ganado, está todo lleno de paja...el chico continúa hablando.
Me pregunto si el señorito sería una persona culta: ¿qué libros le gustaría leer? 
El día otoñal es maravilloso...
Habría niños.
Aquí comían los animales, me cuenta el chico.
Tengo las botas mojadas y llenas de barro.
Ese pilar le gusta mucho al chico.
Descubrimos palabras en la pared.
1909.
Maestro F Carrasque 1909.
Oficiales Granja F Carrasque...regresamos a casa. Al fin sé cómo es la casa por dentro. 

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