09 agosto, 2013

Almudena Ariza.

Hace unos años me llamó por teléfono Almudena Ariza. Me dijo que quería una familia de Aldea Moret. Me ofrecí para mostrarle otra visión del problema. Llegó tarde a la cita pero lo que más me jodió fue su empeño en avivar la guerra entre los pobres. Lo que siempre quiso para su reportaje fue carnaza, sensacionalismo barato. A esta reportera ni a los intereses que representa le preocupa acabar con la pobreza. Para la ocasión vestí una camiseta negra de Refinería NO. Recuerdo que uno de los cámaras era de Mérida y me guiñó el ojo lo cual me llenó de orgullo. Pero nunca aparecí en el reportaje que se emitió al cabo de unos días -Ariza nunca me dio ninguna explicación, a mí, un don nadie-. En todo momento, mientras me grababa, me mostré contundente y arremetí contra la Administración inhumana dirigida por políticos necios e hipócritas que habían erradicado el chabolismo de la ciudad para crear otro -un chabolismo vertical- en la periferia de la ciudad. Hoy día sigo pensando lo mismo que entonces pero he introducido un matiz importante: esos políticos locos están en el poder debido a que nos empeñamos en que nos representen. Están ahí debido a que hay personas que delegamos en ellos. Están ahí porque no queremos reconocer que tenemos poder, un poder potencial y una fuerza inimaginable para acabar con la pobreza y hacer de este mundo un lugar más cálido y habitable. Para ello es obligatorio una revisión de los valores actuales: adoración sin límite al dinero, el egoísmo, etcétera. A Almudena Ariza, el anterior matiz, tampoco le hubiese servido.

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