29 marzo, 2013

Extranjero en casa.

En Lugares comunes, Federico Luppi se lo suelta a una joven ingenua. El Che no es más que un pin. Salvo honrosas excepciones, lo mismo pienso yo. Estos días me resulta fácil comprobar que Jesús de Nazaret también ha quedado reducido a un pin o peor aún, a una imagen millonaria. Que Jesús no vino a fundar religión alguna, es evidente. Que lo de la burrilla -cualquier otro tirano o falso líder hubiese preferido entrar a lomos de un caballo como símbolo de poder y ostentación- era una manifestación y revelación contra el poder constituido, también es evidente. Que la Semana Santa nada tiene que ver con la vida de Jesús de Nazaret, también es cierto. El Ayuntamiento de Cáceres ha editado un vídeo que es muy educativo. No voy a discutir su forma pero el contenido me ha llamado mucho la atención: unos turistas llegan a la ciudad, se acomodan en la habitación de su hotel y se dedican a quemar el dinero -entre comida y comida, eso sí, disfrutan de algunas procesiones-. El mensaje que le costó la vida a Jesús de Nazaret era no adorar el Oro del Becerro. En el vídeo no hay ni rastro de aquel mensaje. Bueno, sí, el pin de Jesús de Nazaret.
Estos días, más que nunca, es necesario sentirme extranjero para comprender mejor lo alejado que estoy de ciertas tradiciones que suceden en este país. También es cierto que todo podría interpretarse como una simple contradicción. En este sentido he de reconocer que, como pequeño burgués, suelo tener mis contradicciones.  

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