31 agosto, 2012

A los leones.

Sí señor. Lo mejor en estos tiempos de crisis o mejor dicho, de estafa, es organizar por todo lo alto unos premios (Ceres). Yo creía que eso del pan y circo era más propio de los soldados romanos que descansaban en ese prostíbulo que un día fue y que en la actualidad se conoce como Mérida. Parece que no. Con la que está cayendo, lo mejor es continuar quemando el dinero e invitar al presidente de esta tierra. Si este señor, hubiese cumplido su promesa de cortarse los dedos si metía mano a lo más esencial de nuestra vida, hoy día, no le quedaría ninguno. Pero nada. Anoche estaba allí, sentado, sonriendo, viendo los fuegos de artificio. Recibiendo elogios. Sí, elogios, como esa palabra tan manida que repitieron hasta la saciedad: democracia. Nadie mencionó la palabra dictadura. Curioso. Y las autoridades y políticos tan felices. Efectivamente, han creado una democracia que les viene como anillo al dedo (especialmente a los dedos del presidente bonachón). Eché de menos, con mucho morbo, un final en el que los protagonistas hubiesen sido los leones. Sedientos de sangre y de justicia, claro. A veces, me pongo muy teatrero.

29 agosto, 2012

13 de octubre.

Ayer compramos las entradas. Vimos a Belén por la calle. Nos contó que temía quedarse sin entrada y que ya había sacado la suya. Cuando saqué las nuestras me acordé de Geles. Curioso. Otra seguidora. De las mejores.

24 agosto, 2012

Avenida de Castilla, 5.

El Pitu coleccionaba cajetillas de tabaco. El Santo, monedas de veinticinco pesetas. Aquellas que tenían un agujero. Yo coleccionaba resguardos que acabé tirando. Uno de ellos era de una pizzería de un barrio de Lepe, un barrio de pescadores, La Antilla. De aquel resguardo recuerdo que tenía impreso en azul un balón de fútbol. También recuerdo el nombre de una pizza, la pizza Maradona. Era 1986. Yo tenía diez años y una noche de agosto  comí la pizza más rica del mundo. Sería por la novedad. El camarero me cuenta que trabaja en la pizzeria más vieja de la Avenida de Castilla y que la carta lógicamente, varía. Vamos que llamar a una pizza Maradona, ahora no tendría mucho tirón. La pizza Messi, triunfaría más. Nos hemos sentado en la misma pizzería de entonces, pero nada es como antes. La pizza no me parece tan rica. A lo mejor no ha sido tan buena idea regresar a este lugar.

01 agosto, 2012

Las golosinas.

Aunque hubo más vendedores, a estas tres señoras solía comprarle golosinas: la Tecla, la Benigna y la Pipera. La señora Tecla era la que vivía más cerca de la casa de mi abuela. Tres o cuatro casas más arriba, podía encontrar caretas de los payasos de la tele y golosinas diversas. La señora Tecla siempre tenía las manos húmedas. Cuando iba a comprar, en ocasiones, estaba cocinando. Entonces agarraba un trapo, se secaba las manos y te daba las golosinas. Era justo en el momento en el que le daba el duro cuando notaba la humedad de sus manos. La señora Benigna vendía unas tortas de arroz muy ricas.

Inevitable.

Estos días que he estado en Aldea Moret no he podido evitar pensar en ella. Aquella noche, alguien me llamó al teléfono y me contó que había muerto. En el tanatorio me reuní con mi familia. Recuerdo especialmente cómo mi madre, mis dos tías y un muy querido primo hermano mío, se abrazaron llorando. Yo también quería llorar y abrazarme a ellos pero no lo hice. No lo hice. Me reprimí. Supongo que por la gente que me rodeaba. Al cabo de un tiempo fui al cementerio. Me senté delante de la tumba de mi abuela. Ya no pude llorar. Después ha habido, por diversas razones, momentos para llorar. No he desaprovechado ninguno. Nunca más pienso cometer aquel estúpido error.

Mina Quimera.


El sabio mudo.

Si en lugar de ser extremeños, los responsables de Libre Producciones fuesen americanos o ingleses, a lo mejor serían más reconocidos. Así es la envidia. Así, la ignorancia y la estupidez de abrazar lo de fuera aunque sea de mala calidad. Por diversas razones he tardado en descubrir este excelente trabajo de Libre Producciones. Desde hoy figura entre mis cintas favoritas. Felicidades.