24 agosto, 2012

Avenida de Castilla, 5.

El Pitu coleccionaba cajetillas de tabaco. El Santo, monedas de veinticinco pesetas. Aquellas que tenían un agujero. Yo coleccionaba resguardos que acabé tirando. Uno de ellos era de una pizzería de un barrio de Lepe, un barrio de pescadores, La Antilla. De aquel resguardo recuerdo que tenía impreso en azul un balón de fútbol. También recuerdo el nombre de una pizza, la pizza Maradona. Era 1986. Yo tenía diez años y una noche de agosto  comí la pizza más rica del mundo. Sería por la novedad. El camarero me cuenta que trabaja en la pizzeria más vieja de la Avenida de Castilla y que la carta lógicamente, varía. Vamos que llamar a una pizza Maradona, ahora no tendría mucho tirón. La pizza Messi, triunfaría más. Nos hemos sentado en la misma pizzería de entonces, pero nada es como antes. La pizza no me parece tan rica. A lo mejor no ha sido tan buena idea regresar a este lugar.

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