31 agosto, 2012

A los leones.

Sí señor. Lo mejor en estos tiempos de crisis o mejor dicho, de estafa, es organizar por todo lo alto unos premios (Ceres). Yo creía que eso del pan y circo era más propio de los soldados romanos que descansaban en ese prostíbulo que un día fue y que en la actualidad se conoce como Mérida. Parece que no. Con la que está cayendo, lo mejor es continuar quemando el dinero e invitar al presidente de esta tierra. Si este señor, hubiese cumplido su promesa de cortarse los dedos si metía mano a lo más esencial de nuestra vida, hoy día, no le quedaría ninguno. Pero nada. Anoche estaba allí, sentado, sonriendo, viendo los fuegos de artificio. Recibiendo elogios. Sí, elogios, como esa palabra tan manida que repitieron hasta la saciedad: democracia. Nadie mencionó la palabra dictadura. Curioso. Y las autoridades y políticos tan felices. Efectivamente, han creado una democracia que les viene como anillo al dedo (especialmente a los dedos del presidente bonachón). Eché de menos, con mucho morbo, un final en el que los protagonistas hubiesen sido los leones. Sedientos de sangre y de justicia, claro. A veces, me pongo muy teatrero.

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