11 agosto, 2011

The Wire.

Esta mañana he escuchado al primer ministro David Cameron responsabilizar a los holgazanes (así lo has llamado Cameron) y a sus familias de la explosión violenta en Londres. Me ha parecido una argumentación pobre, inmadura y simplista del problema.

Hace un rato he leído un artículo titulado He visto el lado oscuro de Reino Unido y me ha recordado el guión de la serie The Wire. Que la realidad supere a la ficción, no le resta méritos a la serie. Una serie en la que a veces a uno le cuesta identificar a los malos: el chico de barrio que trafica para abrirse hueco en la vida o los políticos que se lucran con el dinero negro procedente del mercado de la droga. Ya no me sorprende que los barrios pobres de Baltimore, Londres o Cáceres compartan algunos problemas: el desempleo, el fracaso de la política social y de vivienda, la falta de palabras de aliento…he conocido a alguna maestra que se enorgullecía al llamarnos, a mí y al resto de mis compañeros de barrio, carne de cañón. Conozco a profesionales de lo social que definen a los chavales del barrio en el que crecí como vagos, chusma, ratas y parásitos. Me pregunto cuál hubiese sido la respuesta de los gitanos de Aldea Moret, si la policía hubiese matado a uno de los suyos. No justifico la violencia pero en el fondo de todo esto subyace algo podrido que explica estos arranques violentos. Y Cameron es responsable de la descomposición de aquello que un día definieron como Estado del Bienestar y más, cuando echa balones fuera culpando de todo a unas personas por las que nadie se ha interesado a largo plazo.

Esta mañana intentaba explicárselo al periodista. A veces, en los barrios, nos cegamos con las infraestructuras y somos incapaces de elaborar un discurso que trascienda de la teoría y que permita hacer barrio sin excluir a nadie y menos, a los que ya han sido excluidos.

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