26 agosto, 2011

¿Dónde está mi regalito?

A estas alturas negar el desengaño profundo que siento hacia la clase política dirigente sería engañarme.
El viernes, por motivos labores, tuve que asistir a la clausura del campamento de verano de Aldea Moret. Uno de mis chavales ha participado y me había pedido expresamente que le fuese a ver, ya que, iba a participar en la fiesta de despedida contando unos chistes. Sabía que al acto, como es habitual, acudirían políticos. Lógicamente no me hacía gracia pero mi chaval estaba por encima de todo este teatrillo que organiza el político en torno a aquello en lo que ha invertido dinero público, es decir, dinero nuestro y no de ningún partido político.
Una vez en las instalaciones de la piscina municipal del barrio que le regaló la modernidad a Cáceres, mi chaval, al verme, se acercó y me pidió que le cuidase una libreta y unos bolígrafos. De repente sentí un fuerte ardor en mis manos. Cuando reparé en los presentes comprobé que era propaganda política. En un primer momento pensé que me había confundido de sala. Un despiste me había hecho entrar en un mitin del PP o algo similar. Pues nada de eso. No se trataba de ningún error: cuando una persona es generosa, lo mejor es regalar propaganda política del partido político de sus sueños. Entonces sentí que jugaba en casa teniendo un público adulto en contra. Por respeto a mi chaval y a las dedicatorias que ya tenía en la libreta de sus compañeros de verano, le guardé con cariño la libreta. Además, los niños, afortunadamente, estaban al margen de todas estas historias que nos traemos entre manos los adultos.
Aunque ya estoy acostumbrado a estos espectáculos, me siguen incomodando sobremanera. Por cortesía, saludé a la concejala. Compartiendo unas patatas, frutos secos y refrescos, se hizo una ronda de brindis. Lo único que recuerdo es que los chavales gritaron: ¡Vivan los monitores! Este grito me pareció maravilloso, ya que, son ellos junto a los técnicos los verdaderos currantes del campamento. Y de repente mi chaval, que lo tenía en frente, al otro lado de la mesa, gritó: ¡Viva Tato! Algunas miradas se me clavaron como puñales y lo único que hice fue, mientras sonreía, llevarme el dedo índice a la boca para mandar callar al chico. Fue algo así como marcar un gol en casa teniendo un rival que había comenzado el partido regalando propaganda política para finalmente poder recibir aplausos. Estas anécdotas son gratificantes teniendo en cuenta que el PP habrá ganado las elecciones en el barrio pero, sin duda alguna, siempre que venga aquí lo hará como visitante.
Por cierto, mi chaval, me tiene como educador suyo y desconoce absolutamente mi participación en el barrio de Aldea Moret. Sirva esto para aclarar que no fue más que una ocurrencia del chaval y no una sucia argucia como las que suele utilizar la clase política dirigente.

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