19 junio, 2011

Soy reformista.

En el fondo les admiro por lo seguro que se muestran siendo evidentes las contradicciones que les acompañan.

Lo he vuelto a hacer una vez más. He vuelto a releer mi hemeroteca particular. En los primeros años, no me reconozco. Tomaba muchos discursos prestados. Esa fotografía en la que aparezco con una camiseta de un encuentro de jóvenes comunistas y esos textos en los que en varias ocasiones se repite la palabra autogestión. No soy comunista porque no me gusta ninguna dictadura, tampoco la del proletariado. En cuanto a la autogestión: cuesta sudores y lágrimas. Ese texto en el que mis palabras me describen como un ácrata. No soy ácrata. Tampoco anarquista aunque me encanta colaborar con la CNT de Cáceres. Ahora, más que nunca, me parecen lógicos unos límites que son necesarios respetar. Eso sí, estoy afiliado a la CGT pero no milito. Creo que es el sindicato que, con mis contradicciones, más se adapta a mí. Esa foto en la que aparezco con una camiseta del Subcomandante Marcos con la siguiente leyenda: Queremos un mundo donde quepan muchos mundos. Este mensaje siempre me ha encantado. No me refiero a la revuelta armada, a la violencia para acabar con la violencia. No. Me refiero a que siempre me ha gustado esa idea de que, en este mundo, pueden coexistir muchos mundos. Volviendo a los gitanos. Si les prohibimos la venta ambulante y les arrebatamos su cultura y estilo de vida, no debería sorprendernos que, algunas de estas personas, para ganarse la vida, vendan droga. Por lo tanto, violencia armada, violencia...no. Me identifico más con Gandhi que con el Che Guevara. Con el tiempo, me atrevo a colocarme una etiqueta: reformista. Me gusta, no me incomoda. No me gusta mucho lo que veo y me gustaría cambiarlo, desde dentro, de manera pacífica, de manera lenta, ya que, los cambios importantes, desde estos planteamientos, siempre son lentos.

En el fondo les admiro por lo seguro que se muestran siendo evidentes las contradicciones que les acompañan.

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