18 junio, 2011

Simbolismo número 1.

El viaje lo iniciamos en Aldea Moret. Una vez allí, pisé la tumba de Franco y la de José Antonio. Era un adolescente y me encantaba Extremoduro. Ahora, haría lo mismo. También haría desaparecer ese lugar dedicado al culto de un genocida. Lo ideal, me parece, es que quede reservado a la memoria de los esclavos que allí les arrebataron la vida.

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