14 mayo, 2011

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El técnico que está sentado detrás de la mesa me pregunta lo siguiente: ¿Estás seguro de haber hecho el escrito? Decido una vez más ser educado. El técnico sigue buscando en el ordenador. Yo me recreo interpretando la situación de otra manera, con diálogos incluidos. Mire lo siento, trabajo para un ayuntamiento que va a la deriva y, como comprenderás, ahora mismo, vuestra carrera, les importa una puta mierda. El técnico levanta la vista y me vuelve a preguntar: ¿Estás seguro de haber hecho el escrito? Es desesperante. Juegan con nuestras ilusiones. Ya no le digo nada. Me callo. Sigue con el maldito ordenador. Entonces se levanta y busca una caja. Y de la caja saca un escrito. Lo firmo yo. Suspiro aliviado. Rápidamente me hundo de nuevo en la desesperación: no es el escrito que andamos buscando. Le pido un favor. Que me llame el concejal pero éste probablemente no me llamará. Esta mierda debería estar ya resuelta y ahora en medio de la campaña electoral no me va a llamar nadie. Y tendré que llamarle yo y tendré que ir a verle yo. Es el jodido problema de no dedicarme exclusivamente a esto. Por otro lado, es la suerte de no dedicarme a esto porque me parecería muy triste tener que dedicar mi trabajo a rastrear un escrito que hice hace unos meses, a visitar despachos vacíos de concejales y a recordar a personas que están a nuestro servicio que deben cumplir con lo que prometen. Joder, con lo fácil que es no prometer nada evitando de esta manera crearme ilusiones de ningún tipo.
Mientras salgo del edificio, voy pensando que a pesar de todo, nuestra carrera está a la altura de cualquier carrera organizada por el consistorio. Además, lo nuestro tiene más mérito. Sin dedicarnos a esto, sacamos adelante proyectos estupendos. Ya sé que está mal que diga yo esto. También pienso que si el año pasado el concejal se comprometió a señalizar el recorrido, deberá cumplir con su palabra. Ya veremos en qué queda el asunto.

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