26 marzo, 2011

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Marquitos se ponía rojo y tartamudeaba cuando le tocaba leer. Por aquellos entonces, como un valiente, afrontaba la situación y leía. A mí me parecía que no leía mal. Claro, se lo decía yo que no era precisamente un rapsoda. Por cierto, a Marquitos, ya en el instituto, le llamaban el rapsoda. Menuda puta gracia.
A mis padres, un maestro de la vieja escuela les recomendó que lo mío era la FP, en concreto la automoción. Por lo visto, el jodido capullo me conocía muy bien y debió pasarme algún estúpido test de mierda para medir mi inteligencia y descubrir mis actitudes y mis aptitudes. Por cierto, ese maestro solía darnos hostias en la cabeza con un llavero que agarraba fuertemente en sus manos. Esta escena, la de los capones, la contemplaba Jesús desde la cruz. Mi colegio, el cole del barrio, era público pero también repartían buenas hostias y las clases las presidía el cristo. El maleducado rey de España también contemplaba el espectáculo desde la pared. Sí, una persona que está toda su vida de vacaciones y se pasea por el mundo dándose el gusto y el privilegio de, entre otras cosas, mandar a callar a la gente, sinceramente, eso es de ser un maleducado. De los coches, a día de hoy, lo único que me interesa es poder encontrar aparcamiento en la calle para el mío.

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