06 febrero, 2011

El largo viaje.

El viernes paseamos cerca de las viejas vías de Aldea Moret. Hace muchos años, en otro lugar, lo vieron pero no querían saber. Cuando los veían, a punto de finalizar el viaje, cuando el maquinista borracho para evadirse ya estaba muy cerca de la rampa, les hacían ese gesto, el de pasarse el índice por el cuello.
Aquellas víctimas no eran inocentes. Se agolpaban en las calles enarbolando banderas para recibirle, hacían suyas sus consignas y su odio al diferente, miraban hacia otro lado cuando purgaban los barrios, no querían saber pero le encumbraron. Después cayeron pepinos del cielo. No se trataba de si lo merecían o no. Se trataba de una hipotética consecuencia derivada de sus actos.
A veces no me gusta pasear cerca de las vías y menos teniendo tan reciente SHOAH.

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