25 diciembre, 2010

Encapuchados.

En uno de los cantes mineros, en la calle, lanzaron un petardo ensordecedor. Al poco rato lanzaron otro. Más tarde, una persona de la organización, nos contó que al salir a la calle para ver qué ocurría vieron a dos adultos encapuchados que salían corriendo.
Son los mismos que arrancan de las paredes los carteles que, con mucho, esfuerzo pegamos para difundir la actividad. Son esos adultos estúpidos que se creen que por tener cierta edad y cierta experiencia pueden dar consejos a los más jóvenes. Son esos adultos antipáticos que se ven obligados a hablar y a defender unos principios de los que carecen. Son esos adultos que, con poca vergüenza, se autodefinen de izquierdas. Lecciones vagas. Personas sin credibilidad. Pesados. Este año ha sido el último, se acabó. No volveremos a hablar con él como asociación. La decisión ha sido aprobada en el seno del grupo. Cuando vuelva a llamar, se le dará a conocer el acuerdo.
Pobres, no comprenden nuestra postura. Estamos limpios y lo que nos mueve es generar actividad en el barrio. Una veces, tenemos nosotros la iniciativa. Otras, la apoyamos colaborando con las actividades que se generan. Desde este punto de vista, tenemos la capacidad de colaborar con unos y con otros. Pero la paciencia tiene un límite.
Los cohetes del 18 anunciaron el fin de fiesta, anunciaron la ruptura con los intolerantes.

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