01 noviembre, 2010

El contrato.

En otra etapa hubiese escrito desde Aldea Moret, barrio al que me debo. Ahora escribo desde aquí.
Era un contrato verbal igual de válido que uno escrito.
Yo no soy de izquierda como ellos, como los de la Sociedad Española de Radiofusión (SER). Es más, no soy de izquierda como nadie. Creo que no me gustan las etiquetas y menos cuando hay que defenderlas. Cuentan que para ser de izquierda hay que serlo en las pequeñas cosas, en los pequeños ideales de la vida, esos que tan fácil se olvidan: exigir factura, ser respetuoso y tender una mano amiga al vecino...en fin, me alegro por los que pueden autodefinirse de izquierda, yo no puedo pero menos los de la SER con acciones como las que voy a contar.
Entiendo que un medio es responsable de lo que publicita. Y si publicitas algo, lo has de cumplir. La última que vez que oí hablar de la "Eco-bola" en la SER fue un sábado. Esa mañana después de escuchar una entrevista que le hacían a Eduardo Galeano anunciaron el producto estrella: la ecobola. Los días posteriores me documenté antes de dar el paso. Personas muy cercanas y queridas conocían el producto y me contaron que no era milagroso y que había que usar detergente para eliminar las manchas. Las bondades de la ecobola son, entre otras, las de eliminar las manchas sin usar detergente lo que supone un ahorro.
Al cabo de una semana como vi que la SER continuaba haciendo público el milagro, el milagro de que los milagros existen, decidí comprar mi ecobola. Toda la gestión fue por teléfono. Como eran cientos de llamadas las que recibían (los milagros, son así), se quedaron con mi número y me llamaron al cabo de una media hora. El contrato verbal que hice con la mujer que estaba al otro lado del teléfono fue el siguiente: adquiría dos ecobolas que limpiaban la ropa sin usar detergente y me regalaban un cepillo de dientes electrónico, menuda gran ganga. Con esta gestión me aseguraba mi ración de milagro en la era consumista en la que estamos. Por mi parte, el pago que nunca haría sería contrareembolso. Al colgar el teléfono sentí que me habían engañado como a un idiota. La estafa ascendía a unos sesenta euros.
Al cabo de un día me llamó el de la mensajería. No dudé en decirle que devolviese el producto al remitente. A partir de aquí recibí varias llamadas de las personas que habían descubierto el milago. Las dos primeras llamadas fueron muy amables pero la última lo fue menos. Siempre me preguntaban el motivo de haber devuelto el producto. Siempre insistí en que lo anunciado era una cosa y la realidad otra: había habido un incumplimiento. Les conté que la ecobola, según predicaba la publicidad, debería eliminar la suciedad de la ropa sin detergente, debería eliminar las manchas sin usar detergente. Les conté que personas muy queridas me habían asegurado que la ecobola para eliminar las manchas debía usarse con detergente. Al final, llegaron a reconocerme que había que usar un poco de detergente con el producto. A partir de aquí nunca más me volvieron a llamar.
En fin, supongo que mi gesto no es un gesto de persona de izquierda. La cuestión es que no me pesa porque yo no soy de izquierda.

2 comentarios:

mamensa dijo...

Jo, pues yo que estaba pensando comprar la ecobola...

JuanJesusTato dijo...

Estimada Mamen, te sugiero que entres en la Web de la OCU...muchos besos para los tres!