24 octubre, 2010

Tarde de paseo.

La asamblea del viernes pasado acabó pronto. Estábamos cansados. A una de las compañeras se le ocurrió la genial idea de salir a pasear por el barrio. En la calle me pareció que todo estaba muy cambiado. Esta modernidad, como menos, es contradictoria. Me resulta curioso el afán desmesurado de restarle espacio al que camina para entregárselo a los coches. Y así nos va. Exceso de asfalto y de normas de civismo y de circulación. Me atraen esas fotos antiguas en las que los primeros vehículos se habrían paso tímidamente. En algunas fotografías observo cómo el que caminaba podía hacerlo por donde le apetecía y nadie se sorprendía por ello. Claro, ahora hay más coches, somos muy cómodos, no podemos generarle dudas a los escolares...la vida ha cambiado y se supone que para mejor. A pesar de todo hay peatones que son arrollados en los mismos pasos de peatones. Estos hechos terribles recomiendan prudencia y aparcar los idealismos. La alegría es que uno se pasea por otros lados del planeta y descubre que hay más vida que la de nuestras calles. Sí, aquellas calles pueden resultas caóticas al extranjero con prejuicios pero lo caótico no es sinónimo de atraso.
Todo estaba muy cambiado pero reconocí muchos lugares en los que jugaba de pequeño. La duda que tengo es si algún día el turista se podrá hacer una idea de lo que fue el conjunto minero de Aldea Moret. Por cierto, quedan ya muy pocos caminos de tierra roja. El asfalto los está sepultando.

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