29 septiembre, 2010

Bruselas, cobarde.

Me he enterado de la noticia en un bar de Aldea Moret: "Bruselas ha optado de momento por no expedientar a Francia por discriminación contra la minoría gitana". Bruselas se acobarda como era de esperar y refuerza a los chicos malos en sus posturas y planteamientos. Hablar o escribir en estos términos parece tener una consecuencia clara ante estos "jueces" de pacotilla, defensores de una moral cristiana, la suya, nauseabunda: la pérdida de la credibilidad en los argumentos. A Viviane Reding le ha pasado y seguirá pasando. Las formas, bajo mi punto de vista correctas, no deberían haber eclipsado el problema de fondo: Sarkozy y los suyos han actuado como unos auténticos campeones racistas y han subido gloriosos al podio en los Eliseos. De todas formas, mi decepción, me hace sentir que si Reding hubiese sido más correcta, es decir, más hipócrita, hubiese pasado lo mismo: los gitanos que no pasen por el aro lo tienen jodido, los gitanos pobres, se entiende.
Ya en la calle, me he cruzado con varias personas. No pasa nada. Es más, la noticia podría ser motivo de celebración. Tan hondo ha calado el mensaje en las calles del barrio.

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