30 abril, 2010

La buena noticia I.

Nos contaba Javier Baeza (cura de San Carlos Borromeo) que desde el 2007 no son parroquia. Desde ese año son centro pastoral. En el 2006 celebraron los carnavales del barrio en la parroquia de San Carlos Borromeo. Fue entonces cuando el cardenal Rouco Varela y esa iglesia trasnochada, intolerable, intrasigente y dictatorial centró toda su atención en esa parroquia en la que, el domingo pasado, iniciamos la misa cantando el "Clandestino" de Manu Chao. Nos contaba Javier Baeza que la fiesta es obligatoria en medido del drama y del dolor. Y la fiesta también tiene cabida en el lugar que acoge a todas las personas que lo necesitan. Cuando se orquestó el exterminio de la heroína, allá por los ochenta, muchas de las personas que se engancharon encontraron en la iglesia obrera de entrevías una mano amiga. Lo mismo ocurrió con las madres de aquellos muchachos. Aquel lugar se convirtió en su casa: una casa en la que reinaba el amor, la solidaridad, la denuncia y la lucha. Es decir, un lugar en el que se continuaba el mensaje de Jesús de Nazaret. Y a todos aquellos muchachos les fueron matando. Cuando vivían eran hostigados, perseguidos, denunciados, repudiados y encerrados en las cárceles. Lo mismo ocurría con las madres cuando comenzaban a comprender, cuando comenzaban a identificar al enemigo, es decir, el Estado y su máquina represiva y el sistema judicial. Contaba Sara Nieto, una de las Madres contra la Droga (pero a favor de su legalización) que todos aquellos muchachos y muchachas muertos formaron una cadena que partía de la parroquia de Entrevías y llegaba al cielo. En medio de la lucha del espacio, Sara Nieto reflexionaba: "¿Cómo coño nos iban a echar de nuestra casa si aquí están nuestros hijos?".

No hay comentarios: