23 abril, 2009

El macarra y el burlón.

Después de vencer (ganaron puntos pero perdieron humanidad), se pavoneaba con su enorme lengua fuera. Se burlaba. Y sus compañeros, en lugar de llevarse al vestuario al burlón, sujetaban al que ahora era objetivo de las burlas (antes lo fue de las patadas, pellizcos y pisotones, es decir, la mejor defensa del macarra de Pepe: la cobardía). El estadio rugía y Pepe sacaba a pasear su violencia. Pepe, además de vestir el número tres, es un violento. Y eso no tiene precio: la violencia no fue gratuita. Una vez más la televisión abierta para todos los públicos y los graciosos presentadores del telediario sin profundizar en la gravedad del asunto. Y luego aparece en la pantalla Laporta y dice algo así como que "en el partido hubo de todo" (en su rostro había una ligera sonrisa). Me hubiese gustado verle con el rostro serio condenando la violencia. Menos mal que en el fútbol reina el fair play.

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