04 noviembre, 2008

Tierra.

El autobús iba despacio. Desde la ventana he visto el barrio. Aldea Moret parece que no cambia. Yo sí. Decía un viejo que la reina, debajo de sus pelos tenía escamas. No le he entendido. Tampoco al conductor cuando decía que en el socavón de la carretera había muertos y que un juez de renombre se iba a personar en el lugar. No entiendo nada. Otro viejo decía que mejor dejar las cosas como están. Decía que temía una nueva revolución. Cuando he regresado Aldea Moret seguía igual. Saldremos en películas, seguro. Para verlas en casa y recrearnos. Las promesas. Como las de ese que dicen que es negro y que va a cambiar el mundo. No tenía ni dos semanas. Una renuncia voluntaria. Cuando tenga veinte años, Aldea Moret habrá cambiado. Y los negros serán negros de verdad. Y no habrá falsas promesas. No le gustaba el chupete. Yo tampoco entiendo nada.

1 comentario:

esteff dijo...

Desde propia experiencia digo que los veinte años son una revolución personal, mental y corporal.
Quizás cuando el barrio cumpla veinte años se vuelve loco mete cuatro mudas en una mochila, va hasta la estación andando como hice yo ayer (apenas cinco minutos demasiado largos si son los que faltan para que salga el autobús) y nos abandona a todos allí con nuestras cosas, se larga cansado de su mal nombre a buscar algo mejor para salvarnos. Y a ver quien es el guapo que le dice que se quede. Pero creo que aldea moret cumplió veinte años cuando mi abuela los cumplió y la cosa sigue igual, yo tampoco entiendo nada.
Sé que es de desagradecida, pero cada vez que vuelvo, me parece más agujero y a la vez me invade un espíritu minero que me hace llamar a todos a gritos y sentirme en casa. conficto de intereses, así es mi vida, así es mi barrio, ese del que escribes.
Besos! =)