09 septiembre, 2008

El propósito.

No suelo ir al teatro. Me gusta más el cine. El domingo pasado me invitaron a una representación teatral. Acepté la invitación. Viajé a Mérida. La tragedia no estaba incluida en el programa del festival de teatro clásico de Mérida. La obra, una adaptación de un clásico, se llamaba “El propósito”. La trama era sencilla. Un reino situado en un lugar indeterminado silencia a un pueblo. El fin: llevar a cabo unos fines macabros que llenarían de oro negro los sucios sueños de seres misteriosos con delirios de grandeza. El telón cayó y yo me metí de lleno en la obra. Los actores se mostraban desnudos e interpretaban muy bien el papel de la tragedia. El vestuario era previsible. Especialmente el de las mujeres. El escenógrafo no derrochó mucho talento. Me llamó la atención el modo de presentar a los reyes y a los traidores. Unas carrozas lujosas de metal hacían presencia en escena. A continuación los personajes ponían sus lustrosos zapatos en el suelo del reino venido a menos y miraban al vacío (en el vacío estaba el pueblo, una parte del pueblo, silenciado e ignorado). La luminotecnia cumplió con su trabajo. Unas simples luminarias o farolas presentaron a los rostros de la tragedia. Muecas horribles. Sonrisas forzadas. Graves errores heredados. Manos sucias pudiendo ser limpias saludando al vacío. Abrazos, apretones de manos y besos en la mejilla. La amistad enemiga. La ausencia de los valores más esenciales. La satisfacción del que se sabe ganador y tramposo sin escrúpulos. La satisfacción del que desconfía del personaje envidioso que le estrecha la mano sin quitar ojo de la ansiada poltrona. El público disfrutaba. La falta de originalidad era compensada con cierto derroche de imaginación. Momento dramático fue el de la condena. Varias personas que pertenecían a esa parte del pueblo representado en la obra fueron condenadas por manifestar que el rey andaba metido en asuntos turbios. La versión oficial puesta en boca de uno de los buzones del reino fue la siguiente: agredieron a mi señor mientras hacía sus quehaceres diarios, esto es, servir al desagradecido pueblo. El público nos emocionamos. A pesar de que sabíamos lo que había ocurrido en realidad (es todo un clásico el reprimir para silenciar) estábamos preocupados. Esa pequeña parte del pueblo representada en la obra no se podía permitir bajas. Y la represión es lo que tiene. Los siervos del reino venido a menos con sus mejores galas (insisto que el vestuario dejaba mucho que desear) apuestan firme y fuerte. Uno menos es uno menos. Pero la sorpresa es que las personas condenadas no se derrumban y lo dan todo, incluida su salud y su hogar, para demostrar su inocencia. Quizá este fue el momento más emotivo de la representación.

La tragedia tenía un buen ritmo. El drama no decaía. Me emocioné y me rompí la voz. Ha sido la primera obra de teatro a la que he asistido en la que el público ha interactuado tanto. Disfrutamos como niños y los niños disfrutaron como lo que son.

No me gusta desvelar el final de las historias. Hoy lo voy a hacer. Por lo tanto, los que no quieran conocer el final pueden cerrar los ojos o sentirse derrotados. El final es el siguiente: un ser abstracto aparece en escena. Después alguien me explicó que representaba la conciencia social y el sentido común. Con una especie de tijeras mágica corta unos hilos (son los hilos de los seres trágicos). Al no haber hilos, finalizan los movimientos mecánicos y dirigidos desde la oscuridad. Es el fin de las marionetas y de los proyectos macabros ajenos a nuestra realidad (a la realidad de esa parte del pueblo representada en la obra). A continuación todos los personajes quedan situados en un mismo nivel y se entienden con una misma palabra. El reino finaliza y reina el entendimiento. Nunca un baile final me supo también. El escenógrafo nos hace imaginar un horizonte azul. Me cuentan que es otra metáfora.

La obra traída a la realidad extremeña podría venir a decir lo siguiente: “Extremadura crece sin refinería y sin térmicas y puede crecer sin centrales nucleares”. Pero esto es una opinión gratuita. El resto es pura ficción. Aunque un día leí que la realidad supera a la ficción…

Salud y buena suerte.

La foto, un instante del público que asistimos a la representación.

5 comentarios:

José Camello Manzano dijo...

Una vez quitado, me va a costar recuperar mi sombrero. Un abrazo. Salud

JuanJesusTato dijo...

Aquí el único que se quita el sombrero es el menda y es por ti. Besos.

fuseprods dijo...

Hola, soy Javi, fuí gracias a tí a esa "obra de teatro" y, la verdad, estuvo muy bien.

Espero poder asistir a más concentraciones, manifestaciones y otros actos. Un placer haberos conocido.


Por cierto, me ha sorprendido mucho tu nombre... Yo estuve a un pelo de llamarme así, pero me pusieron al final mi nombre, en cambio a mi hermano pequeño si que le llamaron Juan Jesús (Por mi padre). Casualidades de la vida supongo xD.

PD.: Buen blog, yo antes tenia el mío en Blogger, ahora lo tengo todo por mi cuenta jajaj.

JuanJesusTato dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JuanJesusTato dijo...

Hola Javi!
El placer fue mio. Para que luego digan que la gente joven es pasota y desinteresada. Vamos, como tú :)
A mi me pusieron Juan Jesús por mis dos abuelos.
Un abrazo y hasta pronto.