01 agosto, 2008

El camino.

Ayer tuve el placer de conocer a José Manuel Canales que trabaja en un programa de salud comunitaria en territorio indígena zapatista (Altamirano, Chiapas). José Manuel Canales está de gira por Europa para contar aquello que se nos oculta sobre México. La cita era en la calle Camino Llano, en la librería TodoLibros (IV Ciclo documental “Esto no lo verás en TV”). Ayer comenzó el ciclo con el documental “Caminantes” (Fernando León de Aranoa, España, 2001). Después del documental platicamos un rato. Del Subcomandante Marcos siempre me gustó lo que contaba Paul Kinsgsnorth acerca de él en su libro “Un no, muchos síes: Viaje al epicentro del movimiento de resistencia a la globalización“ (Emecé Editores 2003). Contaba que el Subcomandante Marcos llegó de la capital a las comunidades indígenas con una revolución, la suya. Les habló de Marx y del Marxismo. No consiguió nada. No logró hacer la revolución. Entonces se sentó a escuchar y a aprender. Entre todos hicieron la revolución: queremos un mundo en el que quepan muchos mundos.

José Manuel Canales nos contó que hoy en día, en México, en las comunidades indígenas, la gente sigue muriendo de tuberculosis. Puede haber un centro de salud o un hospital pero para visitar al cardiólogo, por ejemplo, tienes que ir a la capital y para ello necesitas mucha plata. La gente opta, al no tener dinero, por no ir al especialista. Me llamó la atención ver las calles sin asfaltar y ver a las mujeres barriendo la tierra. Nos habló de la corrupción y de los políticos que hacen fortuna a costa de los olvidados. Nos contó que fue invitado a dar una charla en los USA en la Universidad de Harvard, una de las instituciones con mayor prestigio de Estados Unidos y del mundo, cuentan los embaucadores. Nos contó que siempre nos han contado que en esa universidad tan prestigiosa solo estudian las mentes más privilegiadas. En la charla, en Harvard, José Manuel Canales, contó que algunas de esas mentes prestigiosas que han salido de Harvard han sido las responsables directas del saqueo en México. Emocionante: en su casa, en su guarida, en su universidad de mierda, en su mundo a salvo, ponerles un espejo delante y hacerles ver la mierda de mundo que han creado.

Y quiero acabar ya. Quiero acabar con un impulso. Lo podemos tener todo. También un sistema inmoral. Pero el sistema no es algo abstracto: siempre hay responsables. Y podemos seguir derrochando mientras las mujeres en Chiapas barren la tierra o los niños indígenas de México mueren con tres o cuatro años o mientras en Aldea Moret encerramos la miseria en “chavolas verticales”. Podemos mirar para otro lado o señalar el derroche. Y hay muchas formas de derrochar. Ahí va una de ellas.

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