29 julio, 2008

De viaje.

Voy a hacer algunos viajes con el Cuentacuentos y amigo Patxi. No soy su road manager porque cuentan que un road manager es la persona que se ocupa de organizar fechas, buscar hoteles y, en general, todo lo necesario para el desarrollo de la gira. Ayer, en el viaje de ida condujo Patxi. Por lo tanto, voy a conducir poco y esto hace que esté lejos de ser un road manager. Lo único cierto es que voy acompañando al Artista Patxi: un hombre del Renacimiento, cuya principal virtud es hacer brotar la sonrisa a cientos de niños sentados frente a él. Y esto solo lo consiguen Artistas como Patxi.

Ayer viajamos a Cañaveral. Un pueblo en el que nunca había estado. Siempre había pasado de largo. En un lateral de la iglesia del pueblo Patxi hizo el milagro. Mientras algunos padres se perdían el espectáculo y hablaban en un tono elevado que se mezclaba con el ruido de vasos entorpeciendo el espectáculo, algunos niños, hijos de aquellos padres, reían y eran felices. Y la felicidad era verdadera e inmaterial. Las palabras amables del magnífico Cuentacuentos, su sonrisa…y sus cuentos, refrescaban y educaban el alma de los niños sin necesidad de recurrir a brebajes aparentemente mágicos servidos en la ruidosa taberna del pueblo. Entonces recordé esos días en los que busco mi sonrisa en los bolsillos de mi pantalón. Yo conduje a la vuelta. Era de noche.

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