24 junio, 2008

Todos los nombres.

Hace más o menos una hora y media me he encontrado en Aldea Moret con una persona que asistió el otro día a la charla sobre inmigración que organizó el Movimiento Junior. Me ha estado hablando de la “Directiva de la vergüenza”.

María Badia Cuchet; Carlos Carnero González, Juan Fraile Cantón, Vicente Miguel Garcés Ramón, Iratxe García Pérez, Miguel Ángel Martínez Martínez, Manuel Medina Ortega, Emilio Menéndez del Valle, Rosa Miguélez Ramos, Javier Moreno Sánchez, Francisca Pleguezuelos Aguilar, Teresa Riera Madurell, María Isabel Salinas García, Antolín Sánchez Presedo, María Sornosa Martínez y Luis Yáñez-Barnuevo García.

Las anteriores personas (eurodiputadas del PSOE) votaron a favor de la “Directiva de la vergüenza” porque más valía una directiva imperfecta que una realidad sin directiva. Por lo tanto, son todos culpables, ya que, el argumento no justifica la aprobación de la directiva. Por el contrario, el razonamiento es señal de la estupidez que les acompaña desde que se levantan hasta que se acuestan. Me pregunto qué le contarán a sus hijos acerca del trabajo que hacen en Europa, acerca de las miserias que aprueban. Me pregunto cómo será el beso en la mejilla de ese niño suyo que podría estar inmerso en la mierda como el que trae esa mujer, sin patria, en sus brazos.

Martí Grau se abstuvo. Tampoco se salva.

El conocido de hace un rato me contaba que Zapatero todavía no ha reconocido el error que han cometido sus eurodiputados. Por lo menos, me contaba, ha reconocido la crisis (“desaceleración”, para los aficionados a los eufemismos) y que adoptará medidas austeras: congelar los sueldos de los altos cargos. En otras palabras: todo sigue igual.

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