06 marzo, 2008

El bloque C de la calle Ródano o el fracaso de las políticas sociales.

El viernes pasado visité el bloque C de la calle Ródano. Me acompañaba Alberto y dos personas de una televisión local. Dimos un paseo por casi todo el barrio: de Santa Lucía a las Palomas, de la Abundancia a la Esperanza. El bloque C representa el fracaso de las políticas sociales españolas. Cuando me adentro en la miseria me resulta imposible creer a esos dos personajes del bipartidismo que se pelean por colocar sus traseros en la poltrona de la presidencia del gobierno de España. El bloque C tiene el olor de la miseria. Hasta las paredes huelen a miseria. Sólo hay un tipo de miseria que me provoca rechazo: la miseria moral con traje y corbata mostrada en primeros planos como los de esos programas de entretenimiento a los que han llamado “debates”.

La política social es todo aquello que no sale de las bocas de esos dos embaucadores. Nadie habla de legalizar la droga. A ninguno le interesa. Gracias a esto nos encontramos en la sala de espera del bloque C, un hospital excluido de la Seguridad Social: una sala de espera repleta de enfermos a los que nadie atiende, algunos terminales, con las pupilas dilatadas y el papel de aluminio en la mano. Aunque no es nuestra intención, nos piden que no les grabemos con la cámara. De ser madre, no me gustaría ver a mi hijo obligado por la sociedad a crecer de esta manera. Hace unas semanas una nueva víctima provocada por la miseria moral con traje y corbata. Y ahora me piden el voto. Una petición que huele realmente a miseria. Se trata del inconfundible olor de los que aspiran o tratan de conservar el poder. También es el olor de los bancos, esos filántropos que se aprovechan del dinero negro de la droga. El dinero sucio no se esconde debajo de los colchones. Es el olor de las mafias que se confunde con esta mala suerte de democracia que se respira aquí, en el bloque C de la calle Ródano. En definitiva, es el olor nauseabundo de todas las personas, de todos los negocios y de todas las políticas nefastas que se aprovechan del ilegalizado mundo de la droga. Esa política llamada de seguridad, por ejemplo, parece estar más preocupada por incrementar la venta de alarmas en casas particulares que por atajar el problema de raíz.

Con policías perdiendo el tiempo cacheando a chavales en busca de papelinas; con una sociedad que muestra su doble moral bebiendo, un día sí y otro también, hasta la embriaguez y ante la mirada de los adolescentes (el alcohol es una bebida social, cuentan); con una sociedad que ha fracasado en resolver el grave problema de la propiedad privada cuyas cárceles dan muestra de ello: la mayoría de las personas encerradas han atentando contra la propiedad privada (robos, etc.); sin una educación de verdad que haga libres a las personas para decidir sobre su vida; por el contrario, con una educación basada en la censura y en el oscurantismo provocando un gran deseo de probar lo prohibido; con un sistema educativo que protege al alumno “normalizado” y castiga y repudia al diferente y al que es incapaz de seguir el ritmo escolar (en muchos casos es el ritmo escolar el que no es capaz de seguir el ritmo del alumno supuestamente rebelde). Sin todo esto, me cuesta pensar que la cosa vaya bien. Y lo que me cuesta creer es que el domingo que viene, con mi voto, se vaya a decidir sobre estos asuntos. En los programas electorales no se contempla la legalización de la droga. Hipotecando, de esta manera, la descongestión de la sala de espera del bloque C de la calle Ródano. A este lugar miserable no llegó la política de un enfermo por cama y habitación (que no sé si llegó a algún sitio pero por lo menos se recogió en el programa). Aquí lo que llegó y no lo puedo asegurar, es una “chuta” por persona.

Y lo que más me duele sería el rechazo del barrio a los excluidos. Quiero creer que en Aldea Moret no se rechaza a nadie. Menos aún a los nuestros que viven y mueren desprovistos de traje, corbata y primeros planos en los programas de entretenimiento.

1 comentario:

esteff dijo...

Dicen que le bloque C por dentro es más horrible de lo que te puedas imaginar. Tu no tienes que imaginarlo, has entrado. Tuvimos que rescatar de ese agujero a alguien cercano. Yo no lo rescaté de allí, hice lo posible por rescatarle de el mismo sin darme cuenta, él aun recuerda esas noches, recuerda que yo leía un libro muy gordo y que le daba manzanilla a cucharadas, que desde ese día soy para él alguien más importante al que olvida y de lo que se disculpa cuando me ve, supongo que al mirarme seguirá viendo a la muchacha que le daba conversación en aquellas noches eternas en las que algunas solo pude pasar yo en vela con él. Le recomendaron alejarse de Aldea Moret y todos opinamos que si era lo mejor para él era lo mejor para todos, que allí le seguiríamos esperando aunque dijera un día "me moriré, pero me muero harto". Ahora vive en una casa parecida a la imagino para mi pero sin niños, en un pueblo cerca de aquí al lado de una estación de trenes abandonada.
Quería escribir esto pero no sabía como hacerlo.
Esto solo es un ejemplo de lo que hay detrás de las políticas sociales, ese alguien cercano tenía suerte de tenernos, no le olvidamos, no pudimos, me da miedo que las familias puedan olvidarles así, ese es el fracaso de la resignación.
un saludo!